El canto de la aspersión

El canto de la aspersión

hisopo bíblicoCANTAR LA MISA  /  03

Recuerdo y gracia de nuestra primera Pascua

Algunos domingos el acto penitencial parece desaparecer: en su lugar, el agua recorre la asamblea mientras todos cantan. Ese canto no se limita a acompañar el gesto: lo interpreta.

Un domingo cualquiera, después del saludo inicial, el sacerdote no invita al Yo confieso. Bendice el agua, toma el hisopo y recorre la nave asperjando a la asamblea, mientras se eleva el canto.

El Misal Romano para México dedica a este rito el Apéndice III. La Instrucción General permite realizarlo algunos domingos, especialmente durante el tiempo pascual. Cuando se celebra, ocupa el lugar del acto penitencial (IGMR 51). Después de la oración conclusiva no se dice el Señor, ten piedad: cuando lo prescriben las rúbricas, se pasa directamente al Gloria. Nada falta esa mañana. La Iglesia hace memoria de su Bautismo y pide ser purificada para celebrar los santos misterios.

Es fácil confundir ese momento con una bendición más: el agua cae sobre la asamblea y el gesto se parece. Pero este rito no es simplemente otra bendición: despierta una memoria. Son los cantos los que revelan cuál. Antes de escucharlos, vale la pena detenerse en una palabra que casi nadie nota.

Rocíame: el agua que lava

Fuera del tiempo pascual, la antífona propuesta por el Misal comienza así: «Rocíame, Señor, con el hisopo, y quedaré limpio». Es un versículo del Miserere, el salmo 50(51), el gran salmo penitencial de David; en latín, el Asperges me que terminó dando nombre a todo el rito. Su acento es el del salmo que la sostiene: un pecador pide ser lavado y quedar más blanco que la nieve.

El hisopo bíblico no era una vara metálica, sino un manojo vegetal empleado en los ritos de aspersión. Con un manojo de hisopo se marcó la sangre del cordero en los postes de las casas durante la noche del éxodo (Ex 12,22), y con hisopo se rociaba al leproso curado antes de declararlo puro y reintegrarlo en la comunidad (Lv 14,4-7).

  

Cuando la Iglesia dio nombre al instrumento de la aspersión, lo tomó de aquella planta bíblica. La lengua española conserva así, dentro de una sola palabra, toda la historia del gesto: la planta bíblica y el instrumento comparten el mismo nombre. Quien canta «Rocíame con el hisopo» mientras el hisopo pasa entre los bancos está viendo cumplirse, letra por letra, lo que su boca pronuncia.

Junto a esta súplica, otra de las antífonas propuestas por el Misal parece responder con palabras de Dios: «Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; […] les daré un corazón nuevo». En una antífona la asamblea pide: «Rocíame»; en la otra, Dios promete: «Los rociaré». El sacerdote realiza visiblemente el gesto, pero el canto revela quién actúa verdaderamente: Dios mismo. El agua no actúa sola; es signo de una gracia que se recibe.

Vi brotar agua: la lengua de la Vigilia

Durante el tiempo pascual, la antífona cambia de tono: «Vi brotar agua del lado derecho del templo, aleluya. Vi que en todos aquellos que recibían el agua surgía una vida nueva y cantaban con gozo: Aleluya, aleluya» (Ez 47,1-2.9).

Es la visión de Ezequiel: un agua que sale del santuario y da vida a todo lo que toca. La tradición cristiana reconoció en aquel templo el cuerpo de Cristo, y en aquella agua la que brotó de su costado abierto. La oración de bendición del Apéndice III recoge expresamente esta memoria del costado del Señor.

Este canto tiene, además, una fecha. En la Vigilia pascual el Misal lo llama «cántico bautismal» y lo propone dos veces: cuando los neófitos, recién bautizados, regresan en procesión de la fuente, y cuando el sacerdote asperja al pueblo que acaba de renovar las promesas de su Bautismo. El mismo canto sirve a quienes acaban de nacer del agua y a quienes hacen memoria de aquel nacimiento. Cuando se celebra durante el tiempo pascual, la aspersión dominical es el eco de aquella noche. No vuelve necesariamente la misma agua de la Vigilia; vuelve su lenguaje bautismal. El recuerdo no es una idea piadosa, sino un rito concreto que remite a un momento preciso, vivido pocos días o pocas semanas antes.

Así aparecen dos acentos estacionales: fuera del tiempo pascual, el agua que lava; durante la Pascua, el agua que da vida. Pero el centro es uno solo, y lo declara una de las oraciones de bendición, antes de que comience la aspersión, cuando pide a Dios que reavive en nosotros «el recuerdo y la gracia del Bautismo, nuestra primera Pascua».

Siempre que se celebra, en cualquier tiempo del año litúrgico, el rito hace memoria viva del don bautismal. Las antífonas no le dan dos significados distintos; proyectan dos luces estacionales sobre un único misterio.

El Bautismo no se repite: se recuerda, y su gracia puede reavivarse.

¿Qué cantar entonces?

La pregunta práctica, en el mejor de los casos, se plantea el sábado por la tarde; más a menudo, unos minutos antes de comenzar, cuando el padre avisa: «Hoy hago la aspersión».

La primera respuesta la da el propio Misal: cantar sus antífonas. «Rocíame» fuera del tiempo pascual y «Vi brotar agua» durante la Pascua; o bien sus formas gregorianas, Asperges me y Vidi aquam, cuando el coro pueda sostenerlas.

Cuando se elige otro canto, no basta con buscar uno que mencione el agua. No todo canto sobre el mar, la lluvia, los ríos o las fuentes interpreta la aspersión. La rúbrica de la Vigilia pascual admite, junto al Vidi aquam, «otro canto de índole bautismal». Las antífonas del Apéndice III permiten concretar este criterio mediante tres preguntas.

La primera: ¿el texto hace audible la gracia bautismal? Puede recordar la purificación recibida, pedir que esa gracia sea reavivada, proclamar la promesa de un corazón nuevo, anunciar la vida que nace del costado de Cristo o transformar todo ello en alabanza.

La segunda: ¿respeta el acento del tiempo litúrgico? Fuera de la Pascua puede resonar con mayor fuerza la súplica y la purificación; durante el tiempo pascual debería respirarse la vida nueva, la Resurrección y la alegría del aleluya.

La tercera: ¿la música permite vivir el gesto? El canto debe acompañar el paso del sacerdote por la iglesia, sostener la voz de la asamblea y ayudarla a reconocerse como pueblo bautizado. No es música de fondo ni una pausa para la actuación del coro: es la voz de un rito que está sucediendo.

También el tono necesita un criterio. «Rocíame» proviene del Miserere, el mismo salmo que el Misal propone para acompañar la imposición de la ceniza. Pero la liturgia no hace realizar a las mismas palabras la misma acción en todos los ritos.

El Miércoles de Ceniza, el Miserere acompaña el polvo y llama a la conversión. En la aspersión dominical acompaña el agua y recuerda de dónde nace esa conversión: del Bautismo. Continúa siendo una súplica de purificación, pero pronunciada por quienes ya han sido lavados y piden vivir nuevamente de aquel don.

Por eso el canto puede ser sobrio sin volverse sombrío. Puede llevar dentro una alegría fresca, visible: el agua salta del hisopo, como pequeñas gotas desprendidas de una rama verde, y cae sobre las cabezas de los fieles mientras toda la nave canta. La súplica no desaparece, pero queda iluminada por la Pascua: «He sido lavado; quiero volver a vivir de esa gracia».

Ese domingo, entonces, nada desapareció. El agua volvió a tocar la frente de quienes un día recibieron el Bautismo, y el canto dijo el nombre de aquel don: recuerdo y gracia de nuestra primera Pascua.

Autor: CLAUDIO CAMPESATO

PROYECTO CANTAR LA MISA

Una propuesta de la Dimensión de Música Litúrgica de la Diócesis de Tenancingo para escuchar lo que cada canto dice y descubrir qué realiza dentro de la celebración.

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Cantar la Misa / 01. El canto de entrada: Unánimes y concordes   

Cantar la Misa / 02. El Kyrie: Aclamar e implorar

FUENTES Y REFERENCIAS

  • Instrucción General del Misal Romano, n. 51.
  • Misal Romano para México, tercera edición típica, Apéndice III: rito de la bendición y aspersión del agua dominical; antífonas «Rocíame», «Los rociaré» y «Vi brotar agua» (Ez 47,1-2.9); Formulario II, oración de bendición, con «el recuerdo y la gracia del Bautismo, nuestra primera Pascua»; rúbricas de los Formularios I y II sobre el canto durante la aspersión y el paso al Gloria.
  • Misal Romano, Vigilia pascual: procesión de los neófitos desde la fuente con el «cántico bautismal» Vidi aquam (n. 52); aspersión del pueblo tras la renovación de las promesas bautismales, con el Vidi aquam u «otro canto de índole bautismal».
  • Graduale Romanum, Ad aspersionem aquae benedictae: antífonas Asperges me (Sal 50[51],9) y Vidi aquam (Ez 47,1-2.9).
  • Misal Romano, Miércoles de Ceniza: salmo 50(51) entre los textos propuestos para acompañar la imposición de la ceniza.
  • Ex 12,22; Lv 14,4-7: el hisopo en los ritos de la sangre pascual y de la purificación del leproso.

AGREGADO POR: Angelica María