¿POR QUÉ LA IGLESIA HABLA DE LA IA?

¿POR QUÉ LA IGLESIA HABLA DE LA IA?

+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo Emérito de SCLC

HECHOS

No faltan personas que siguen cuestionando la Doctrina Social de la Iglesia como si fuera una intromisión en asuntos que no le corresponden. Quisieran que sólo habláramos del cielo, de una oración y de unos sacramentos sin incidencia en la historia. La Inteligencia Artificial está cambiando el mundo; ¿podríamos permanecer encerrados en nuestras sacristías y en los templos? Ese no es el camino que nos enseñó Jesús con su propio ejemplo. El se involucró en lo que vivía el pueblo y nos dio orientaciones para acompañar la salvación del mundo. Nos pidió ser sal y luz del mundo y no del cielo; antes y ahora. Por eso, el magisterio pontificio está tratando estos puntos.

Hay quienes sólo aprecian la Misa en latín y los ritos previos al Concilio Vaticano II, como si Dios sólo entendiera latín y esos ritos previos. Me recuerdan a un sacristán de Zinacantán, cerca de San Cristóbal de Las Casas, a quien la gente acudía con mucha devoción porque rezaba con un libro en latín muy antiguo, como si Dios no entendiera nuestros idiomas y no escuchara las lenguas originarias. En otro municipio vecino, el Presidente municipal me pidió no celebrar la Misa en tsotsil, su idioma, sino en castellano, dizque porque era la costumbre, por cierto no muy antigua. Dios ve nuestro corazón. Además, el Papa acaba de explicar que los cambios conciliares son normales en un proceso histórico de cambiar lo que fuera necesario y que ya no se comprendiera por las personas. Eso hizo el Concilio: urgirnos a responder, desde el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, a los retos del mundo, como ahora es la Inteligencia Artificial.

ILUMINACION

El Papa León, en su encíclica Magnifica Humanitas, dice:

El anuncio del Evangelio no puede olvidar la vida concreta de los pueblos… La Doctrina Social de la Iglesia se fundamenta en la Sagrada Escritura y en la Tradición y, en diálogo con las ciencias, nos ayuda a leer con lucidez los desafíos del presente, identificando caminos adecuados para vivir un testimonio cristiano límpido, con alegría y al servicio del mundo” (3). “Nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo” (5). “¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?” (6).

“La Doctrina social correría el riesgo de parecer una injerencia indebida en cuestiones temporales o un código ético externo que se aplica arbitrariamente. En realidad, surge de una Iglesia que camina con la humanidad” (18). “La Iglesia no puede considerarse ajena a las dinámicas que configuran el rostro de la sociedad… Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos” (19).

“La misión que se le ha confiado a la Iglesia la lleva a no permanecer distante de los sufrimientos concretos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su cercanía no nace de la intención de suplir a las instituciones, ni mucho menos de una crítica implícita a su labor, sino de la caridad evangélica que la impulsa a acercarse a las heridas de la humanidad en los momentos en que estas se manifiestan con mayor gravedad. Cuando interviene, lo hace imitando al buen samaritano, con discreción y cercanía” (21).

“Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la Palabra de Dios, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada. Escuchar los ‘diferentes lenguajes’ no es una mera atención sociológica, sino que implica un discernimiento espiritual en el que, con la ayuda del Espíritu, el Pueblo de Dios reconoce en las transformaciones culturales y sociales tanto los signos de la presencia de Cristo, que viene y guía la historia hacia su plenitud, como aquellas desviaciones que oscurecen su rostro. Así, la Verdad revelada no se modifica en su núcleo esencial, sino que se explicita y se asume como criterio vivo para orientar elecciones concretas, inspirar caminos de conversión personal y comunitaria, promover reformas de las estructuras y apoyar nuevas formas de testimonio evangélico en la vida pública. La historia es, por tanto, uno de los lugares en los que la Iglesia se deja instruir por el Espíritu sobre el alcance humanizador del Evangelio y aprende a adaptar su enseñanza al servicio de la dignidad de cada persona y del bien de los pueblos” (22).

ACCIONES

Que la luz del Evangelio ilumine y cuestione nuestras actitudes y decisiones, como de qué manera usar la IA y cómo no dejarnos esclavizar por ella. La verdad de Jesucristo nos hace verdaderamente libres. ¡Haz la prueba y verás!


PONENTE: Mons. Felipe Arizmendi Esquivel