NOSOTROS TENEMOS OTROS DATOS: Mons Felipe Arizmendi Esquivel
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC
MIRAR
En altas esferas federales se afirma que nuestro país va muy bien. Ciertamente hay
muchos progresos en varios aspectos; eso no se puede negar. Sin embargo, nosotros
tenemos otros datos. Bastantes personas y familias huyen del país, porque aquí no
encuentran seguridad. Si estuviéramos muy bien, no se irían. Si muchos migrantes llegan a
México, no es para quedarse aquí, sino para llegar a los Estados Unidos. Si estuviéramos
muy bien, muchos anhelarían quedarse entre nosotros, y no ser sólo un paso obligado de
tránsito.
En las altas esferas federales se afirma que han bajado los delitos de alto impacto y que
hay más seguridad. ¡Qué bueno! ¡Ojalá sigan bajando esos crímenes! Sin embargo,
nosotros tenemos otros datos. Los delitos de impacto cotidiano, como son las extorsiones,
son ya un problema no regional, sino nacional. Casi nadie se libra de ser amenazado con
que, si no paga lo que esos delincuentes exigen, su vida y la de los suyos están en peligro.
Un caso, entre tantísimos otros: Una familia tenía un restaurancito de paso, muy sabroso
por cierto. Como se negaron a pagar la cuota impuesta arbitrariamente por los
extorsionadores, éstos secuestraron y asesinaron a la mamá, amenazaron a otros de la
familia, y se tuvo que cerrar esa fuente de trabajo. Historias como esta, abundan en todo
el país. ¿Han bajado estos delitos? Todo lo contrario.
En altas esferas federales se afirma que el pueblo está contento. Es cierto. Hay miles de
personas que están convencidas de que este es el camino a seguir y lo defienden a capa y
espada. Las encuestas así lo confirman. ¿Quiénes están contentos? Los que de algún modo
se han beneficiado de este sistema, sobre todo los jóvenes y ancianos que reciben apoyos
gubernamentales, que ya existían desde otros períodos, pero que ahora se han
incrementado, en particular en tiempos electorales, como una forma de comprar su voto.
¡Eso es indigno y repugnante; eso pervierte la sana democracia”! Nosotros tenemos otros
datos. Hay mucha oposición de quienes están informados de lo que realmente pasa en el
país, y de aquellos que están sufriendo la inseguridad de cada día.
DISCERNIR
Los obispos mexicanos, que vivimos muy cerca de nuestro pueblo y escuchamos sus
quejas y dolencias, en nuestro Proyecto Global de Pastoral 2031+2033 sostenemos: “Hoy
vivimos situaciones que nos han rebasado en mucho y que son un verdadero calvario para
personas, familias y comunidades enteras, en una espiral de dolor a la que por el momento
no se le ve fin. Muchos pueblos en nuestro país experimentan constantemente la
inseguridad, el miedo, el abandono de sus hogares y una completa orfandad por parte de
quienes tienen la obligación de proteger sus vidas y cuidar sus bienes.
Tal parece que esta situación de violencia ha rebasado a las autoridades en muchas partes del país, los grupos
delincuenciales se han establecido como verdaderos dueños y señores de espacios y cotos
de poder y, debido a la furia y a la capacidad de terror de muchos de ellos, han puesto a
prueba la fuerza de la ley y del orden. Son muchos los sufrimientos que a causa de la
violencia a lo largo de estos últimos años se han ido acumulando en las familias del pueblo
mexicano” (56).
“El panorama social se ha ido ensombreciendo paulatinamente por el fortalecimiento
alarmante del crimen organizado que tiene múltiples ramificaciones y un entorno
internacional que lo alimenta y fortalece, corrompiendo la mente y el corazón de personas
y autoridades. La introducción de una narco-cultura en nuestra sociedad mexicana, de
conseguir dinero rápido, fácil y de cualquier forma, ha venido a dañar profundamente la
mente de muchas personas, a quienes no les importa matar, robar, extorsionar, secuestrar
o hacer cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos. Hechos tristemente exaltados
cada día como material mediático por los medios de comunicación. Son muchas las causas
que alimentan esta hoguera y que mantienen encendida esta llama de dolor: la pérdida de
valores, la desintegración familiar, la falta de oportunidades, los trabajos mal
remunerados, la corrupción galopante en todos los niveles, la ingobernabilidad, la
impunidad, etc. Esta sociedad que tendría que ofrecer a todos los ciudadanos las
condiciones necesarias para vivir con dignidad, está dañada y es necesario que todos como
miembros de ella tomemos conciencia de esta realidad y nos hagamos responsables, para
que pueda cumplir como un espacio de vida digna para todos sus miembros” (57).
ACTUAR
Quien pueda hacerlo, hable con las autoridades de cualquier nivel, o con su diputado local
o federal, y manifiésteles lo que realmente estamos viviendo, para que, si les es posible, lo
hagan llegar a las altas autoridades federales, aunque pareciera que éstas no escuchan. Y
hagamos cuanto podamos por despertar la conciencia de lo que realmente vive el país.
PONENTE: Mons. Felipe Arizmendi Esquivel
