El Perdón de Asís: a la escuela de María, del agua y de las flores
Una antífona franciscana llama a la Virgen «vena del perdón». Quien conoce el agua escondida que alimenta los arroyos de nuestra tierra, y las flores que esa agua hace nacer, tiene ya entre las manos la mejor imagen de lo que celebramos el 2 de agosto.
En las vísperas de la fiesta de Santa María de los Ángeles, mientras se canta el Magníficat, la liturgia franciscana saluda a la Virgen con una expresión sorprendente:
O beáta virgo, María! tu véniae vena, tu grátiae Mater, exáudi nos fílios tuos, qui hódie fúndimus preces ante conspéctum tuum.
«Oh bienaventurada Virgen María, tú, vena del perdón; tú, Madre de la gracia; escúchanos a nosotros, hijos tuyos, que hoy derramamos nuestras súplicas ante ti».
Antes de explicar qué es una indulgencia, la liturgia canta una imagen. Y la canta hoy.
La expresión es muy concreta. Se llama vena de agua al conducto natural por donde el agua circula bajo la tierra. La vena todavía no es el arroyo: permanece escondida, pero lo alimenta.
Quien vive en Tenancingo, Villa Guerrero o cualquiera de nuestros pueblos entiende bien esta imagen. Antes de correr entre las piedras, llegar a la acequia o entrar en los invernaderos, el agua ha recorrido silenciosamente las entrañas de la tierra. Después sale a la luz, lava lo que encuentra y vuelve fecundo el suelo.
Así actúa también el perdón de Dios. Lava, pero no solamente borra. Devuelve vida a lo que el pecado había dejado seco y permite que una historia vuelva a dar fruto.
La fe cristiana ha hablado muchas veces de María con el lenguaje del agua. El Cantar de los cantares presenta a la esposa como fons signatus, «fuente sellada», y como puteus aquarum viventium, «pozo de aguas vivas» (Ct 4,12.15). Dante la llama di speranza fontana vivace, fuente viva de esperanza. Y la antífona del 2 de agosto se atreve a llamarla veniae vena, vena del perdón.

Pero ¿de dónde viene el agua?
El Evangelio cuenta que del costado abierto de Cristo brotaron sangre y agua. Allí está la fuente. El perdón no nace de María, ni de san Francisco, ni de la Iglesia: brota de Cristo, único Redentor.
Una vena no fabrica el agua. La recibe, la deja pasar y la conduce. María es llamada vena del perdón porque toda su maternidad lleva hacia Cristo, y porque sigue pidiendo por sus hijos, como canta hoy la antífona.
Según la tradición franciscana, en 1216 san Francisco pidió para la pequeña iglesia de la Porciúncula una gracia amplia de reconciliación. No deseaba un privilegio para unos pocos. Quería que la misericordia llegara también a los pobres, a los sencillos, a los de casa.
El Perdón de Asís no sustituye a la confesión ni es una amnistía automática. En el sacramento, Cristo perdona la culpa; la indulgencia expresa que su gracia quiere sanar también las heridas y consecuencias que el pecado deja detrás de sí.
María, vena del perdón, no detiene el agua en sí misma. Nos conduce a su fuente, Jesucristo. Y cuando el agua llega hasta el último surco, nuestra tierra florece.
Aquí está, quizá, la lección más sencilla. Nadie ha visto nunca la vena de agua que corre bajo el invernadero. Lo que vemos es la flor. Pero la flor es la prueba de que el agua pasó.
Con el perdón sucede lo mismo. No se ve. Ocurre en lo escondido, en el silencio de una confesión, en un corazón que por fin cede. Lo que se ve viene después: una casa donde se vuelve a hablar, un rencor que se soltó, alguien que ya puede mirar a los ojos. Esos son los pétalos.
Quienes trabajan las flores de Tenancingo y de Villa Guerrero saben además que ninguna flor se guarda para sí. Se corta y se va: a un altar, a una boda, a una tumba, a una casa que está de luto. Lo mismo pide el perdón recibido. No es para guardarlo.

Por eso, cuando estos días veamos abrirse una de nuestras flores, podemos dar gracias a Dios por un don que no se ve y que sin embargo florece. Y podemos pedir volvernos, en la familia y en el pueblo, un pequeño arroyo de paz.

Félix Castello, San Francisco de Asís en la Porciúncula, circa 1646, Museo del Prado
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Cómo recibir el Perdón de Asís Cuándo. Desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto. Dónde. Visitando devotamente una iglesia parroquial o franciscana. Qué se pide.
Por quién. La indulgencia puede recibirse para uno mismo o aplicarse a un difunto. No puede aplicarse a otra persona viva. |
Nota sobre las fuentes
La antífona. O beata virgo, Maria! tu veniae vena es la antífona del Magníficat de las primeras vísperas en el formulario de 1951 para la dedicación de la Basílica de Santa María de los Ángeles de la Porciúncula. Su testimonio más antiguo conocido es el Antiphonale Romano-Seraphicum (París, Desclée, 1928), p. 833; no figura aún en el Breviarium Romano-Seraphicum de 1880. El título mariano veniae vena es en cambio anterior: aparece en el ritmo Ave vena veniae, cuyo testimonio manuscrito (París, BnF, cod. 3639) se data en los siglos XV-XVI. El Propio de 1974 conserva la antífona en las vísperas del 2 de agosto.
Estudio. J. Oude Vrielink, OFM, The Development of Seraphic Feasts after the Second Vatican Council, tesis de maestría, Tilburg School of Catholic Theology, 2022, pp. 21-27 (sobre la fiesta de la Porciúncula y la relación de la antífona con la indulgencia). Texto completo: arno.uvt.nl/show.cgi?fid=158968
Vena de agua. Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, s. v. vena, acepción 6: «conducto natural por donde circula el agua en las entrañas de la tierra». dle.rae.es/vena
Doctrina sobre las indulgencias. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1471-1479; Pablo VI, const. ap. Indulgentiarum doctrina (1967); Concilio Vaticano II, Lumen gentium, nn. 60-62, sobre la única mediación de Cristo y la cooperación subordinada de María.
Penitenciaría Apostólica. Decretos de indulgencia y normativa vigente: penitenzieria.va > Indulgencias > Decretos. En particular, el Decreto del 10 de enero de 2026 por el que se convoca el Año de San Francisco (10 de enero de 2026 - 10 de enero de 2027) con indulgencia plenaria aneja, y que recuerda expresamente la concesión del Perdón de la Porciúncula.
Jubileo. Francisco, bula Spes non confundit (2024), sobre la concesión de 1216.
Autor: Pbro. Claudio Campesato
Lic. en Liturgia y Canto Gregoriano
AGREGADO POR: Angelica María
