Lo que la Iglesia canta junto a sus muertos

Requiem aeternam, bajo la rúbrica Ad missas defunctorum. Gradual de Cluny, siglo XI. París, Bibliothèque nationale de France, ms. lat. 1087, f. 96r (detalle). Gallica / BnF · Catálogo MANNO
Cuando la Iglesia canta por sus difuntos, pide descanso, luz y vida. Habla del juicio y de la misericordia, recuerda una promesa hecha a Abrahán y desea que quien acaba de morir comparta el descanso de un pobre del Evangelio. En los textos del repertorio gregoriano se encuentra una comprensión de la muerte que merece ser escuchada también hoy, especialmente cuando el 2 de noviembre nos reúne para orar por quienes nos precedieron.
Conviene distinguir los lugares de estos cantos. El Requiem aeternam, el ofertorio Domine Iesu Christe, con su versículo Hostias et preces, y la comunión Lux aeterna pertenecen a la Misa. Los responsorios de despedida y las antífonas que acompañan la salida del cuerpo pertenecen al rito de las exequias. Los libros actuales ofrecen distintas posibilidades; los cantos aquí considerados permiten recorrer algunos de los principales temas de esta tradición, sin constituir por ello una secuencia obligatoria para toda celebración.1
El descanso y la luz del Requiem
La primera palabra del introito, Requiem, ha dado nombre a numerosas composiciones musicales. En su lugar litúrgico es, ante todo, una petición. Quienes cantan encomiendan a otros: eis, «a ellos». La oración abre el recuerdo de cada familia a una intercesión que abarca a todos los fieles difuntos.

Introito Requiem aeternam, modo VI. Graduale Romanum (1974), p. 669.
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Requiem aeternam dona eis, Domine, |
Dales, Señor, el descanso eterno, |
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et lux perpetua luceat eis. |
y brille para ellos la luz perpetua. |
El origen del texto contiene una particularidad significativa. La fórmula reelabora palabras del IV libro de Esdras, un escrito ajeno al canon católico, transmitido en la tradición de la Vulgata. Allí se anuncia que el pastor dará el descanso eterno y que una luz perpetua iluminará a sus destinatarios (IV Esd 2,34-35). El canto transforma el anuncio en súplica: lo prometido como «os dará» se convierte en «dales»; lo anunciado como «brillará para vosotros» se vuelve «brille para ellos». La Iglesia pide el cumplimiento de una esperanza recibida.2
El descanso que solicita puede comprenderse a la luz del Apocalipsis: los que mueren en el Señor descansan de sus fatigas, y sus obras los acompañan (Ap 14,13). La paz esperada conserva la verdad de una vida y de su amor. Tampoco la luz es una iluminación indefinida. En la ciudad futura, Dios mismo ilumina a sus habitantes y el Cordero es su lámpara (Ap 21,23; 22,5). Pedir luz para los difuntos es pedir que participen de esa vida junto a Dios.3
Los libros de coro muestran también quiénes daban voz a esta súplica. En el gradual de Ferrara iluminado por Jacopo Filippo d’Argenta, la R de Requiem alberga a un sacerdote y a los acólitos reunidos en torno al difunto. En el gradual florentino de Mariano del Buono, esa misma inicial contiene una procesión que entra en la iglesia; algunos acompañantes aparecen con la boca abierta, cantando. La letra, la notación y la escena vinculan así la petición de descanso con una comunidad que acompaña al muerto.

Izquierda: Jacopo Filippo d’Argenta, hoja de gradual con ceremonia ante el difunto, hacia 1480, Ferrara. Cleveland Museum of Art, 1927.425.2.a. Purchase from the J. H. Wade Fund. Open Access, CC0. Ficha del museo
Derecha: Mariano del Buono, hoja de gradual con procesión fúnebre en la inicial R, Florencia, segunda mitad del siglo XV. The Metropolitan Museum of Art, 96.32.16. Gift of Louis L. Lorillard, 1896, transferred from the Library. Dominio público. Ficha del museo · Estudio del Met
La liberación y la promesa del ofertorio
El ofertorio se dirige expresamente a Domine Iesu Christe, Rex gloriae, «Señor Jesucristo, Rey de la gloria». El título recuerda al rey de la gloria del salmo 24 (23),7-10. La súplica invoca al Señor al que el Apocalipsis presenta vivo para siempre y poseedor de las llaves de la muerte y del abismo (Ap 1,18). Desde esa confesión se comprenden sus imágenes más dramáticas.
El texto pide la liberación de las penas infernales, del abismo profundo y de las fauces del león; pide que los difuntos no sean devorados por el Tártaro ni caigan en la oscuridad. La boca del león evoca la súplica del salmo 22 (21),22, y el abismo pertenece al lenguaje bíblico de quienes claman desde una situación de muerte. Este conjunto expresa la gravedad del mal y la necesidad de ser salvados. Su acumulación poética no constituye una descripción sistemática del más allá, ni afirma que los fieles por quienes se ora estén condenados. La Iglesia confía su destino al poder liberador de Cristo.4
Frente a esas amenazas aparece san Miguel como signifer, portador del estandarte. Su figura recuerda al combatiente celestial de Ap 12,7; la función de presentar a los difuntos en la luz santa desarrolla litúrgicamente esa imagen protectora. El horizonte del canto se reconoce en el estribillo: Quam olim Abrahae promisisti et semini eius, «que prometiste un día a Abrahán y a su descendencia». La oración recoge el lenguaje de la promesa, presente también en el Magnificat (Lc 1,54-55). San Pablo explica que quienes pertenecen a Cristo son descendencia de Abrahán y herederos según la promesa (Ga 3,29). La muerte de cada fiel queda situada dentro de esta historia de salvación.5
El versículo Hostias et preces hace explícita la acción de quienes celebran: «Te ofrecemos, Señor, sacrificios y oraciones de alabanza; recíbelos por aquellas almas cuya memoria hoy celebramos». Hodie, «hoy», determina aquí el acto de recordar que realiza la comunidad. El presente de la memoria litúrgica permite a la Iglesia interceder por quienes han muerto; la palabra, por sí sola, no identifica ese presente con el instante de su muerte.
La petición culmina en fac eas, Domine, de morte transire ad vitam: «hazlas pasar, Señor, de la muerte a la vida». Su parentesco con san Juan es decisivo. Jesús afirma que quien escucha su palabra y cree ha pasado de la muerte a la vida (Jn 5,24), y el evangelista introduce la Cena como la hora de su paso de este mundo al Padre (Jn 13,1). Agustín, en la carta 55, relaciona el tránsito de la muerte a la vida con la pasión y resurrección del Señor, y con la vida nueva de los bautizados, todavía orientada hacia la resurrección futura. El ofertorio pide que ese paso alcance su cumplimiento en los difuntos. El verbo fac reconoce que la vida esperada es obra de Dios.6

Versículo Hostias et preces del ofertorio Domine Iesu Christe, modo II: «haz, Señor, que pasen de la muerte a la vida». Graduale Romanum (1974), pp. 674-675.
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Hostias et preces tibi, Domine, laudis offerimus: |
Te ofrecemos, Señor, sacrificios y oraciones de alabanza; |
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tu suscipe pro animabus illis, |
recíbelos por aquellas almas |
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fac eas, Domine, de morte transire ad vitam. |
hazlas pasar, Señor, de la muerte a la vida. |
La comunión con los santos en Lux aeterna
Al acompañar la comunión eucarística, la antífona Lux aeterna vuelve a pedir la luz: cum sanctis tuis in aeternum, quia pius es, «con tus santos para siempre, porque eres misericordioso». Descanso y luz, presentes al comienzo, adquieren ahora una formulación comunitaria. La vida eterna es comunión con Dios y con los suyos; la palabra cum, «con», impide imaginarla como una supervivencia solitaria.

Comunión Lux aeterna, modo VIII. Graduale Romanum (1974), p. 676.
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Lux aeterna luceat eis, Domine: |
Brille para ellos la luz eterna, Señor, |
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cum sanctis tuis in aeternum, |
con tus santos para siempre, |
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quia pius es. |
porque eres misericordioso. |
La ubicación del canto hace visible esa esperanza. Mientras los fieles reciben el Cuerpo de Cristo, oran para que los difuntos compartan la comunión de los santos. La Eucaristía reúne la intercesión por ellos y la participación de la asamblea en la vida del Señor. Quia pius es expresa el fundamento de la confianza: la misericordia de Dios. La Iglesia puede pedir porque se fía de aquel a quien dirige su oración. Esta confianza sostiene el sufragio sin convertirlo en una afirmación de que todo juicio y toda purificación resulten innecesarios.7
La voz del Libera me y la victoria pascual
El conocido responsorio Libera me, Domine, de morte aeterna, «Líbrame, Señor, de la muerte eterna», pertenece al repertorio histórico del Oficio de difuntos y tuvo un lugar destacado, después de la Misa, en la llamada absolución ante el féretro, una oración de intercesión distinta de la absolución sacramental. Su presencia en un antifonario de Cambrai de hacia 1230 documenta esa tradición medieval; no permite, por sí sola, fijar la fecha de composición del canto.8
Aquí se escucha un «yo» que tiembla ante el juicio. El día terrible y la conmoción del cielo y de la tierra remiten al lenguaje profético del día del Señor (Sof 1,14-16; Ag 2,6). La muerte eterna de la que se pide liberación rebasa el hecho biológico de morir: está en juego la pérdida definitiva de la comunión con Dios. La seriedad de una vida aparece ante quien conoce toda su verdad.
La comunidad puede reconocer en esa primera persona la voz del difunto a quien acompaña y, al mismo tiempo, su propia condición mortal. Esta es una lectura del gesto de cantar, no la transcripción de palabras que el fallecido estaría pronunciando. El temor entra en una oración dirigida al Señor. Incluso el responsorio retorna, en uno de sus versículos tradicionales, a la petición plural del descanso y de la luz: el «yo» permanece sostenido por la intercesión de la Iglesia.

Responsorio Libera me, Domine, de morte aeterna, modo I, con el versículo Tremens factus sum ego. Liber Usualis (1961), p. 1767.
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Libera me, Domine, de morte aeterna, |
Líbrame, Señor, de la muerte eterna, |
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* Quando caeli movendi sunt et terra: |
cuando se conmuevan los cielos y la tierra, |
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† Dum veneris judicare saeculum per ignem. |
cuando vengas a juzgar al mundo por el fuego. |
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℣. Tremens factus sum ego, et timeo, |
℣. Tiemblo y tengo miedo |
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* Quando caeli movendi sunt et terra. |
Cuando se conmuevan los cielos y la tierra. |
Debe distinguirse este texto del Libera me, Domine, de viis inferni, que el Graduale Romanum de 1974 y el Ordo cantus Missae de 1988 proponen entre los responsorios para la última recomendación y despedida. Este otro canto invoca a Cristo, que ha quebrantado las puertas de bronce, ha visitado los infiernos y ha dado luz a quienes estaban en las tinieblas. Las puertas evocan el salmo 107 (106),16; su lectura cristológica remite al descenso del Salvador a la morada de los muertos. La súplica se apoya así en una victoria ya realizada. El que pide ser liberado se dirige a quien ha entrado en la muerte como Salvador.9
La llegada a Jerusalén y la compañía de Lázaro
Cuando el cuerpo sale de la iglesia, las antífonas In paradisum y Chorus angelorum expresan la despedida mediante palabras dirigidas al difunto. Piden que los ángeles lo conduzcan al paraíso, que los mártires lo reciban y que sea llevado a la ciudad santa, Jerusalén. Los verbos deducant, suscipiant y perducant expresan un deseo orante. La Iglesia encomienda al hermano; no está proclamando una canonización.10

In paradisum y Chorus angelorum en forma continua, modo VII (Liber Usualis, 1961, p. 1768). El Graduale Romanum (1974), p. 697, las presenta por separado: modos VII y VIII.
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In paradisum deducant te Angeli: |
Que los ángeles te conduzcan al paraíso; |
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in tuo adventu suscipiant te Martyres, |
que a tu llegada te reciban los mártires |
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et perducant te in civitatem sanctam Jerusalem. |
y te lleven a la ciudad santa, Jerusalén. |
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Chorus Angelorum te suscipiat, |
Que el coro de los ángeles te reciba |
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et cum Lazaro quondam paupere |
y que, junto con Lázaro, el que fue pobre, |
La palabra adventus designa aquí su llegada. El horizonte es la acogida en la Jerusalén celestial del Apocalipsis, donde Dios habita con los hombres y enjuga sus lágrimas (Ap 21,2-4). La procesión que conduce el cuerpo hacia la sepultura se abre, mediante el canto, a una meta que la mirada no alcanza. El lenguaje de la acogida mantiene el vínculo con aquel a quien la comunidad está despidiendo.
Chorus angelorum añade un nombre: Lázaro, el que fue pobre. Es el mendigo de la parábola de Lucas, llevado por los ángeles al seno de Abrahán (Lc 16,19-31), distinto del Lázaro de Betania a quien Jesús devuelve la vida en Jn 11. El canto desea al difunto compartir su descanso. Aquel que había esperado junto a la puerta del rico aparece ahora como compañero de la vida esperada. La imagen conserva una exigencia para quienes escuchan: la esperanza de entrar en esa comunión compromete nuestra relación presente con los pobres.11
El Codex Aureus de Echternach, un evangeliario del siglo XI, hace visible este contraste en tres registros: el banquete del rico, la acogida de Lázaro en el seno de Abrahán y la muerte y el tormento del rico. En el centro, el pobre es llevado a la compañía de Abrahán. Al cantar cum Lazaro, la esperanza de descanso conserva el nombre de quien había quedado a la puerta del banquete.

La parábola del rico y Lázaro. Codex Aureus Epternacensis, segundo cuarto del siglo XI. Núremberg, Germanisches Nationalmuseum, Hs. 156142, f. 78r. Reproducción: The Yorck Project / Wikimedia Commons, dominio público. Imagen y procedencia
La esperanza que la Iglesia aprende a cantar
El Concilio Vaticano II pidió que las exequias expresaran con mayor claridad el sentido pascual de la muerte cristiana. Ese criterio permite reconocer la profundidad pascual de textos ya recibidos: la luz solicitada en el Requiem, el paso de la muerte a la vida del ofertorio y la acogida en la ciudad santa. La diversidad histórica del repertorio conserva también el temor al juicio, que la celebración presenta ante el Señor cuya misericordia invoca.12
Las distintas voces ayudan a comprender esta oración. La Iglesia pide por «ellos», puede asumir el «yo» del suplicante y se dirige al hermano con un «tú». Estas formas se entrecruzan en los ritos, sin distribuirse en etapas exclusivas. Expresan una solidaridad que la muerte no ha cancelado. Al comienzo se pidió para todos el descanso eterno; junto a la sepultura, la despedida lo desea personalmente: aeternam habeas requiem, «que tengas el descanso eterno».
Dimensión de Música Litúrgica de la Diócesis de Tenancingo
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El repertorio latino y los criterios para cantar hoy
El latín conserva su lugar en el rito romano y el gregoriano es su canto propio (SC 36 y 116). El cuadro sitúa ejemplos del Graduale Romanum (GR) y permite formular criterios también para los cantos en español. Las opciones de la Misa se refieren a difuntos adultos fuera del tiempo pascual; para este, véase GR, p. 677.13
Los cantos en los libros actuales
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Momento |
Ejemplos entre las opciones previstas |
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Entrada |
Requiem aeternam (GR, p. 669). |
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Tras la primera lectura |
Gradual Requiem aeternam (GR, pp. 670–671), como opción al salmo responsorial (OGMR 61). |
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Antes del Evangelio |
Aleluya Requiem aeternam (GR, pp. 671–672); en Cuaresma, un tracto previsto, como Absolve (pp. 672–673; OGMR 62). |
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Preparación de los dones |
Domine Iesu Christe (GR, pp. 674–675); se permite omitir el versículo Hostias. |
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Comunión |
Lux aeterna (GR, p. 676), con salmo o sin él (OGMR 87). |
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Última recomendación |
Entre los responsorios: Subvenite, sancti Dei (GR, pp. 692–693) o Libera me de viis inferni (p. 696). |
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Salida del cuerpo |
Entre las antífonas: In paradisum o Chorus angelorum (GR, p. 697). |
Criterios que se desprenden de estos cantos
1. El texto antes que la melodía. Requiem pide descanso y luz; Lux aeterna, comunión con los santos. Leer toda la letra: debe expresar la fe y servir al rito (SC 121). Para otros cantos, véase OGMR 48, 74 y 87.
2. Pascua y súplica. El fac eas del ofertorio pide a Cristo el tránsito a la vida. La esperanza en su victoria sostiene la intercesión por el difunto (SC 81; OGMR 379).
3. Recordar al orar. Hostias et preces une memoria y ofrenda. El recuerdo agradecido cabe en esa oración; el vínculo sentimental con una canción no basta para justificar su uso litúrgico (SC 112).
4. Cada canto en su momento. Lux aeterna acompaña la comunión; In paradisum, la salida del cuerpo. Los ritos de despedida no se añaden por costumbre al 2 de noviembre (OGMR 86 y 384).
5. Voces que participan. La schola puede cantar el propio gregoriano; hay que preparar también las respuestas y aclamaciones del pueblo, según sus posibilidades (SC 116; OGMR 40 y 48).
6. Una oración por todos. El eis del Requiem abre la memoria de cada familia a todos los fieles difuntos, como celebra la Iglesia el 2 de noviembre (Directorio 255).
7. La piedad popular. Novenas, rosario y visitas al cementerio ofrecen otros espacios para los cantos tradicionales, cuyo contenido ha de expresar también la fe pascual (Directorio 257 y 260).
Notas y fuentes
1. Graduale sacrosanctae Romanae Ecclesiae de tempore et de sanctis, Solesmis 1974 (reimpresión consultada: 1979), sección Liturgia defunctorum, pp. 669–677 y 692–697. Ordo cantus Missae, editio typica altera, Libreria Editrice Vaticana, 1988, nn. 394 y 395 bis, pp. 143–148. Las traducciones españolas de las sinopsis son versiones de apoyo. Graduale Romanum · Ordo cantus Missae.
2. IV Esd 2,34–35, en Biblia Sacra iuxta Vulgatam versionem, ed. R. Weber y R. Gryson, 5.ª ed., Deutsche Bibelgesellschaft, Stuttgart 2007. El propio Graduale Romanum, p. 669, identifica esta referencia. Se trata de una reelaboración litúrgica, no de una cita literal continua de ambos versículos. Texto latino de IV Esdras.
3. Ap 14,13; 21,23; 22,5. Estas referencias explican el campo bíblico de descanso y luz; no se proponen todas como fuentes literarias directas del introito. Apocalipsis.
4. Graduale Romanum, pp. 674–675. Allí se conserva el texto íntegro de Domine Iesu Christe y se permite omitir el versículo Hostias. Cf. Sal 24 (23),7–10 y 22 (21),22; Ap 1,18. Sobre juicio, purificación y condenación definitiva, Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1021–1035. Salmos · Catecismo.
5. Ap 12,7; Lc 1,54–55; Ga 3,26–29. La relación entre el oficio litúrgico de Miguel y la figura bíblica del defensor celestial se ofrece como lectura teológica, no como una cita bíblica que describa literalmente la presentación de las almas. Lucas · Gálatas.
6. Jn 5,24 y 13,1. Agustín de Hipona, Epistula 55, 1,2 y 2,3: interpretación pascual del tránsito y relación entre la vida nueva presente y la futura resurrección. La formulación no convierte por sí sola toda muerte en una salvación automática. Juan · Agustín Epistula 55.
7. Graduale Romanum, p. 676. Cf. Sacrosanctum Concilium, n. 8, y Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 958 y 1032, para la comunión con los difuntos y el sufragio eucarístico. Comunión de los santos.
8. Cantus Database, Cantus ID 007091, testimonio de Cambrai, Bibliothèque municipale, ms. 38 (olim 40), f. 358v, hacia 1230. Para los versículos Tremens, Dies illa y Requiem, véase también Chicago, Newberry Library, ms. 24, f. 251r. La lectura de la primera persona como voz asumida por la comunidad es una interpretación litúrgica. Cambrai · Chicago · Rito histórico de las exequias.
9. Graduale Romanum, p. 696; Ordo cantus Missae, n. 395 bis, p. 147. Libera me de viis inferni es una pieza distinta de Libera me de morte aeterna; en Cantus Index corresponden, respectivamente, a los identificadores 007092 y 007091. Cf. Sal 107 (106),16 y Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 632–635. Descenso de Cristo a los infiernos.
10. Graduale Romanum, p. 697; Ordo cantus Missae, n. 395 bis, p. 148. Ambos libros distinguen las antífonas In paradisum y Chorus angelorum y las sitúan entre los cantos posibles mientras se saca el cuerpo de la iglesia. En el rito histórico aparecen también transmitidas como un texto seguido. La despedida no forma parte del propio de la Misa.
11. Lc 16,19–31, en particular 16,22. El paralelo con Abrahán conecta esta antífona con el ofertorio y con otros responsorios de las exequias. Jn 11 trata de Lázaro de Betania.
12. Concilio Vaticano II, constitución Sacrosanctum Concilium, n. 81. Para la memoria de los difuntos en la piedad popular, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, nn. 248–260. Sacrosanctum Concilium · Directorio.
13. Para la ficha: SC 36, 81, 112, 116 y 121; OGMR 40–41, 48, 61–62, 74, 86–87 y 379–385; Directorio 255–260. Para el repertorio y las rúbricas: Graduale Romanum (1974), pp. 669–677 y 692–697; Ordo cantus Missae (1988), nn. 394 y 395 bis. El criterio sobre la asociación sentimental de una canción es una aplicación pastoral; OGMR 382 regula la homilía. · Ordenación general del Misal Romano · Sacrosanctum Concilium · Directorio

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