TEXTO, AUDIO Y VIDEO – Evangelio 25 de Marzo 2018

TEXTO, AUDIO Y VIDEO – Evangelio 25 de Marzo 2018

Juan 12, 12-16
En aquel tiempo, al enterarse la gran muchedumbre que había llegado para la fiesta de
que Jesús se dirigía a Jerusalén, cortaron hojas de palmera y salieron a su encuentro,
gritando: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!”.

Habiendo encontrado Jesús un burrito, lo montó, como está escrito: No tengas temor,
hija de Sión, mira y que tu rey viene a ti montado en un burrito.

Sus discípulos no entendieron estas cosas al principio, pero cuando Jesús fue glorificado,
se acordaron de que habían sido escritas acerca de Él y que ellos las habían cumplido.

Palabr del Señor.

Mateo 26 14-27 66

C. En aquel tiempo uno de los Doce llamado Judas Iscariote fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
S. «¿Cuánto me dan si les entregó a Jesús?»
C. Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

El primer día de la fiesta de los panes Azimos los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
S. «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
C. Él respondió:
†. «Vayan a la ciudad a casa de fulano y díganle: “El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa” ».
C. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban les dijo:
†. «Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme».
C. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno:
S. «¿Acaso soy yo Señor?»
C. Él respondió:
†. «El que moja su pan en el mismo plato que yo ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido».
C. Entonces preguntó Judas el que lo iba a entregar:
S. «¿Acaso soy yo Maestro?»
C. Jesús le respondió:
†. «Tú lo has dicho».

C. Durante la cena Jesús tomó un pan y pronunciada la bendición lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:
†. «Tomen y coman. Este es mi Cuerpo».
C. Luego tomó en sus manos una copa de vino y pronunciada la acción de gracias la pasó a sus discípulos diciendo:
†. «Beban todos de ella porque ésta es mi Sangre Sangre de la nueva alianza que será derramada por todos para el perdón de los pecados. Les digo que ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre».

C. Después de haber cantado el himno salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:
†. «Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche porque está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero después de que yo resucite iré delante de ustedes a Galilea».
C. Entonces Pedro le replicó:
S. «Aunque todos se escandalicen de ti yo nunca me escandalizaré».
C. Jesús le dijo:
†. «Yo te aseguro que esta misma noche antes de que el gallo cante me habrás negado tres veces».
C. Pedro le replicó:
S. «Aunque tenga que morir contigo no te negaré».
C. Y lo mismo dijeron todos los discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a los discípulos:
†. «Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá».
C. Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:
†. «Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo».
C. Avanzó unos pasos más se postró rostro en tierra y comenzó a orar diciendo:
†. «Padre mío si es posible que pase de mí este cáliz; pero que no se haga como yo quiero sino como quieres tú».

C. Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
†. «¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren para no caer en la tentación porque el espíritu está pronto pero la carne es débil».
C. Y alejándose de nuevo se puso a orar diciendo:
†. «Padre mío si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba hágase tu voluntad».
C. Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos porque tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo por tercera vez repitiendo las mismas palabras. Después de esto volvió a donde estaban los discípulos y les dijo:
†. «Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está aquí el que me va a entregar».
C. Todavía estaba hablando Jesús cuando llegó Judas uno de los Doce seguido de una chusma numerosa con espadas y palos enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había dado esta señal:
S. «Aquel a quien yo le dé un beso ése es. Aprehéndanlo».
C. Al instante se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Buenas noches Maestro!»
C. Y lo besó. Jesús le dijo:
†. «Amigo ¿es esto a lo que has venido?»
C. Entonces se acercaron a Jesús le echaron mano y lo apresaron. Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús:
†. «Vuelve la espada a su lugar pues quien usa la espada a espada morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre él pondría ahora mismo a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que así debe suceder?»
C. Enseguida dijo Jesús a aquella chusma:
†. «¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido con espadas y palos? Todos los días yo enseñaba sentado en el templo y no me aprehendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas».
C. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello.
Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando un falso testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte; pero no lo encontraron aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron dos que dijeron:
S. «Este dijo: “Puedo derribar el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
C. Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo:
S. «¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en contra tuya?»
C. Como Jesús callaba el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías el Hijo de Dios».
C. Jesús le respondió:
†. «Tú lo has dicho. Además yo les declaro que pronto verán al Hijo del hombre sentado a la derecha de Dios venir sobre las nubes del cielo».

C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
S. «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?»
C. Ellos respondieron:
S. «Es reo de muerte».
C. Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de bofetadas. Otros lo golpeaban diciendo:
S. «Adivina quién es el que te ha pegado».
C. Entretanto Pedro estaba fuera sentado en el patio. Una criada se le acercó y le dijo:
S. «Tú también estabas con Jesús el galileo».
C. Pero él lo negó ante todos diciendo:
S. «No sé de qué me estás hablando».
C. Ya se iba hacia el zaguán cuando lo vio otra criada y dijo a los que estaban ahí:
S. «También ése andaba con Jesús el nazareno».
C. Él de nuevo lo negó con juramento:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Poco después se acercaron a Pedro los que estaban ahí y le dijeron:
S. «No cabe duda de que tú también eres de ellos pues hasta tu modo de hablar te delata».
C. Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no conocía a aquel hombre. Y en aquel momento cantó el gallo. Entonces se acordó Pedro de que Jesús había dicho: “Antes de que cante el gallo me habrás negado tres veces”. Y saliendo de ahí se soltó a llorar amargamente.

Llegada la mañana todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Después de atarlo lo llevaron ante el procurador Poncio Pilato y se lo entregaron. Entonces Judas el que lo había entregado viendo que Jesús había sido condenado a muerte devolvió arrepentido las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos diciendo:
S. «Pequé entregando la sangre de un inocente».
C. Ellos dijeron:
S. «¿Y a nosotros qué nos importa? Allá tú».
C. Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo se fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron:
S. «No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas porque son precio de sangre».
C. Después de deliberar compraron con ellas el Campo del alfarero para sepultar ahí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta el día de hoy “Campo de sangre”. Así se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: “Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel y las dieron por el Campo del alfarero según lo que me ordenó el Señor”. Jesús compareció ante el procurador Poncio Pilato quien le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús respondió:
†. «Tú lo has dicho».
C. Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato:
S. «¿No oyes todo lo que dicen contra ti?»
C. Pero él nada respondió hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado.

Con ocasión de la fiesta de la Pascua el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. Dijo pues Pilato a los ahí reunidos:
S. «¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús que se dice el Mesías?»
C. Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia. Estando él sentado en el tribunal su mujer mandó decirle:
S. «No te metas con ese hombre justo porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa».
C. Mientras tanto los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así cuando el procurador les preguntó:
S. «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?».
C. Ellos respondieron:
S. «A Barrabás».
C. Pilato les dijo:
S. «¿Y qué voy a hacer con Jesús que se dice el Mesías?»
C. Respondieron todos:
S. «Crucifícalo».
C. Pilato preguntó:
S. «Pero ¿qué mal ha hecho?»
C. Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Entonces Pilato viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo diciendo:
S. «Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes».
C. Todo el pueblo respondió:
S. «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
C. Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo desnudaron le echaron encima un manto de púrpura trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha y arrodillándose ante él se burlaban diciendo:
S. «¡Viva el rey de los judíos!»
C. Y le escupían. Luego quitándole la caña lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de él le quitaron el manto le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar. Al salir encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota es decir “Lugar de la Calavera” le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó pero no lo quiso beber.
Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos echando suertes y se quedaron sentados para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: “Este es Jesús el rey de los judíos”.
Juntamente con él crucificaron a dos ladrones uno a su derecha y el otro a su izquierda. Los que pasaban por allí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole:
S. «Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios baja de la cruz».
C. También se burlaban de él los sumos sacerdotes los escribas y los ancianos diciendo:
S. «Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios que Dios lo salve ahora si es que de verdad lo ama pues él ha dicho: “Soy el Hijo de Dios”».
C. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres Jesús exclamó con fuerte voz:
†. «Elí Elí ¿ lemá sabactaní?»
C. Que quiere decir: «Dios mío Dios mío ¿por qué me has abandonado?». Algunos de los presentes al oírlo decían:
S. «Está llamando a Elías».
C. Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja la empapó en vinagre y sujetándola a una caña le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron:
S. «Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo».
C. Entonces Jesús dando de nuevo un fuerte grito expiró.

Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.

C. Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes de arriba a abajo la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto y después de la resurrección de Jesús entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente.

Por su parte el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús al ver el terremoto y las cosas que ocurrían se llenaron de un gran temor y dijeron:
S. «Verdaderamente éste era Hijo de Dios».
C. También estaban allí mirando desde lejos muchas de las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena María la madre de Santiago y de José y la madre de los hijos de Zebedeo.
Al atardecer vino un hombre rico de Arimatea llamado José que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el cuerpo lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca para sí mismo. Hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se retiró. Estaban ahí María Magdalena y la otra María sentadas frente al sepulcro. Al otro día el siguiente de la preparación de la Pascua los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron:
S. «Señor nos hemos acordado de que ese impostor estando aún en vida dijo: “A los tres días resucitaré”. Manda pues asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos lo roben y digan luego al pueblo: “Resucitó de entre los muertos” porque esta última impostura sería peor que la primera».
C. Pilato les dijo:
S. «Tomen un pelotón de soldados aseguren el sepulcro como ustedes quieran».
C. Ellos fueron y aseguraron el sepulcro poniendo un sello sobre la puerta y dejaron ahí la guardia.

Palabra del Señor.

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