Oración del medio día con el Pbro. Rubén Hernández Melchor

Oración del medio día con el Pbro. Rubén Hernández Melchor

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DOMINGO 24 DE ABRIL DOMINGO V DE PASCUA, CICLO C

Todavía resuenan en nuestros oídos los ecos del Jueves Santo y también del domingo del Buen Pastor. Cristo, que nos mandó amarnos unos a otros como Él nos amó, es el Buen Pastor que nos conduce por las praderas de la verdad salvadora y del bien que llena el corazón de felicidad. Cristo es el Buen Pastor que nos alimenta con el pasto de su Palabra y de la Eucaristía. Cristo es el Buen Pastor, en cuyo pastoreo, ha querido dejarse ayudar por pastores a su servicio: Pedro y los apóstoles, al principio, y el Papa, los obispos y los sacerdotes, a lo largo de toda la historia de la Iglesia, que durará hasta el final de los tiempos, por mucho que se empeñen algunos en destruirla.

La lucha ascética cristiana ha de mantenerse en todos los frentes, porque en todos ellos, con la gracia de Dios, hay que vencer, y nunca hay victoria sin lucha. Respecto a todas las virtudes y a todos los mandamientos, el cristiano ha de vigilar y orar para no caer en la tentación. Así́ nos lo recomendó́ Jesús. Por otra parte, el evangelio proclamado en este día nos propone un tema que, por ser de capital importancia, hay que estar como más vigilantes y como más luchadores, si queremos ser fieles discípulos: en esto conocerán que son discípulos míos.

San Pablo nos dejó bien claro que el amor cristiano todo lo aguanta, todo los cree, todo lo espera, todo los soporta. Amar a nuestros hermanos es servirles, escucharles, comprenderles, disculparles, perdonarles y pedirles perdón. El amor al prójimo consiste en los gestos pequeños, de todos los días, gestos de cercanía a un anciano, a un niño, a un enfermo, a una persona sola y en dificultad…palabras del Papa Francisco. Amar a los que están junto a nosotros exige sin lugar a duda saber olvidar, si es que se quiere que el amor siga encendido.

Oración: Señor Jesús, que al despedirte de tus discípulos dijiste: “Ámense como yo los he amado; así los reconocerán como de los míos”, perdona nuestra falta de seriedad. Te dejamos mal muchas veces, porque no nos amamos unos a otros como tú mandaste en la cena. Cambia, Señor, nuestro corazón de piedra por otro de carne. Traspasa tu Espíritu de amor a nuestro

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