Oración del medio día con el P. Rubén 04 de Julio 2016

Oración del medio día con el P. Rubén 04 de Julio 2016

Oración del medio día con el P. Rubén 04 de Julio 2016

Hoy, la liturgia de la Palabra nos invita a admirar dos magníficas manifestaciones de fe. Tan magníficas que merecieron conmover el corazón de Jesucristo y provocar inmediatamente su respuesta.

Señor mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir. Casi podríamos decir que con fe firme obligamos a Dios. A Él le gusta esta especie de obligación. El otro testimonio de fe del Evangelio de hoy también es impresionante: Con sólo tocar su manto, me curaré.

Se podría afirmar que Dios, incluso, se deja manipular de buen grado por nuestra buena fe. Lo que no admite es que le tentemos por desconfianza. Éste fue el caso de Zacarías, quien pidió una prueba al arcángel Gabriel. El Arcángel no se intimido por esto: Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios (…). Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. Y así fue.

Es Él mismo quien quiere “obligarse” y “atarse” con nuestra fe: Yo les digo: Pidan y se les dará; busque y encontraran; llamen y se les abrirá. Él es nuestro Padre y no quiere negar nada de lo que conviene a sus hijos.

Pero es necesario manifestarle confiadamente nuestras peticiones; la confianza con Dios requieren trato: para confiar en alguien le hemos de conocer; y para conocerle hay que tratarle. Así, la fe hace brotar la oración, y la oración en cuanto brota alcanza la firmeza de la fe. No olvidemos la alabanza que mereció Santa María: ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!.

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