Oración de Vísperas 11 de Abril 2019

Oración de Vísperas 11 de Abril 2019

TIEMPO DE CUARESMA
JUEVES DE LA SEMANA V
Del Propio del Tiempo. Salterio I.

 

11 de abril

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

  1. Dios mío, ven en mi auxilio
    R.Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Himno: SEÑOR, LA LUZ DEL DÍA YA SE APAGA.

    Señor, la luz del día ya se apaga,
    la noche va extendiendo sus tinieblas;
    alumbra lo más hondo de las almas
    en este santo tiempo de Cuaresma.

    Conoces nuestra vida y nuestra historia
    y sabes que también hemos pecado,
    por eso hacia ti nos dirigimos
    confiando que seremos perdonados.

    Unidos con la Iglesia recorremos
    la senda que nos lleva hasta el Calvario,
    llevando en nuestro cuerpo tus dolores,
    sufriendo lo que aún no has completado.

    Escucha nuestra voz, amado Padre,
    que, junto con tu Hijo Jesucristo,
    enviaste tu Espíritu a los hombres,
    sellando con tu gracia sus destinos. Amén.

    SALMODIA

    Ant 1. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

    Salmo 29 – ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE.

    Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
    y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

    Señor, Dios mío, a ti grité,
    y tú me sanaste.
    Señor, sacaste mi vida del abismo,
    me hiciste revivir cuándo bajaba a la fosa.

    Tañed para el Señor, fieles suyos,
    dad gracias a su nombre santo;
    su cólera dura un instante;
    su bondad, de por vida;
    al atardecer nos visita el llanto,
    por la mañana, el júbilo.

    Yo pensaba muy seguro:
    «No vacilaré jamás.»
    Tu bondad, Señor, me aseguraba
    el honor y la fuerza;
    pero escondiste tu rostro,
    y quedé desconcertado.

    A ti, Señor, llamé,
    supliqué a mi Dios:
    «¿Qué ganas con mi muerte,
    con que yo baje a la fosa?

    ¿Te va a dar gracias el polvo,
    o va a proclamar tu lealtad?
    Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
    Señor, socórreme.»

    Cambiaste mi luto en danzas,
    me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
    te cantará mi alma sin callarse.
    Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

    Ant 2. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

    Salmo 31 – ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO.

    Dichoso el que está absuelto de su culpa,
    a quien le han sepultado su pecado;
    dichoso el hombre a quien el Señor
    no le apunta el delito.

    Mientras callé se consumían mis huesos,
    rugiendo todo el día,
    porque día y noche tu mano
    pesaba sobre mí;
    mi savia se me había vuelto
    un fruto seco.

    Había pecado, lo reconocí,
    no te encubrí mi delito;
    propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
    y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

    Por eso, que todo fiel te suplique
    en el momento de la desgracia:
    la crecida de las aguas caudalosas
    no lo alcanzará.

    Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
    me rodeas de cantos de liberación.

    Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
    fijaré en ti mis ojos.

    No seáis irracionales como caballos y mulos,
    cuyo brío hay que domar con freno y brida;
    si no, no puedes acercarte.

    Los malvados sufren muchas penas;
    al que confía en el Señor,
    la misericordia lo rodea.

    Alegraos, justos, y gozad con el Señor,
    aclamadlo, los de corazón sincero.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

    Ant 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

    Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a

    Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
    el que eres y el que eras,
    porque has asumido el gran poder
    y comenzaste a reinar.

    Se encolerizaron las naciones,
    llegó tu cólera,
    y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
    y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
    y a los santos y a los que temen tu nombre,
    y a los pequeños y a los grandes,
    y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

    Ahora se estableció la salud y el poderío,
    y el reinado de nuestro Dios,
    y la potestad de su Cristo;
    porque fue precipitado
    el acusador de nuestros hermanos,
    el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

    Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
    y por la palabra del testimonio que dieron,
    y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
    Por esto, estad alegres, cielos,
    y los que moráis en sus tiendas.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

    LECTURA BREVE Hb 13, 12-15

    Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su oprobio. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura. Por medio de él ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre.

    RESPONSORIO BREVE

    V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
    R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

    V. Sáname, porque he pecado contra ti.
    R. Señor, ten misericordia.

    V. Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo
    R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

    CÁNTICO EVANGÉLICO

    Ant. «No tienes aún cincuenta años, y ¿has visto a Abraham?» «Os aseguro con toda verdad: antes que Abraham naciese, ya existía yo.»

    Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

    Proclama mi alma la grandeza del Señor,
    se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
    porque ha mirado la humillación de su esclava.

    Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
    porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
    su nombre es santo,
    y su misericordia llega a sus fieles
    de generación en generación.

    El hace proezas con su brazo:
    dispersa a los soberbios de corazón,
    derriba del trono a los poderosos
    y enaltece a los humildes,
    a los hambrientos los colma de bienes
    y a los ricos los despide vacíos.

    Auxilia a Israel, su siervo,
    acordándose de su misericordia
    -como lo había prometido a nuestros padres-
    en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. «No tienes aún cincuenta años, y ¿has visto a Abraham?» «Os aseguro con toda verdad: antes que Abraham naciese, ya existía yo.»

    PRECES

    Oremos a Cristo, el Señor, que nos dio el mandamiento nuevo de amarnos unos a otros, y digámosle:

    Acrecienta, Señor, la caridad de tu Iglesia.

    Maestro bueno, enséñanos a amarte en nuestros hermanos
    y a servirte en cada uno de ellos.

    Tú que en la cruz pediste al Padre el perdón para tus verdugos,
    concédenos amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen.

    Señor, que la participación en el misterio de tu cuerpo y de tu sangre acreciente en nosotros el amor, la fortaleza y la confianza,
    y dé vigor a los débiles, consuelo a los tristes y esperanza a los agonizantes.

    Señor, luz del mundo, que, por el agua, concediste al ciego de nacimiento el poder ver la luz,
    ilumina a nuestros catecúmenos por el sacramento del agua y de la palabra.

    Se pueden añadir algunas intenciones libres

    Concede la plenitud de tu amor a los difuntos
    y haz que un día nos contemos entre tus elegidos.

    Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo:

    Padre nuestro…

    ORACION

    Señor, atiende a nuestras súplicas y concédenos tu protección, ya que hemos puesto toda nuestra esperanza en tu misericordia; purifícanos de toda mancha de pecado y haz que nos mantengamos en una vida santa, para que lleguemos a recibir la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

    CONCLUSIÓN

    V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos

  2. Amén
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