Oración de Laudes 30 de Septiembre 2019

Oración de Laudes 30 de Septiembre 2019

TIEMPO ORDINARIO
LUNES DE LA SEMANA XXVI
Del Común de doctores de la Iglesia. Salterio II

30 de septiembre

SAN JERÓNIMO, presbítero y doctor de la iglesia (MEMORIA)

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

  1. Señor abre mis labios
    R.Y mi boca proclamará tu alabanza

    INVITATORIO

    Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría.

    Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

    Venid, aclamemos al Señor,
    demos vítores a la Roca que nos salva;
    entremos a su presencia dándole gracias,
    aclamándolo con cantos.

    Porque el Señor es un Dios grande,
    soberano de todos los dioses:
    tiene en su mano las simas de la tierra,
    son suyas las cumbres de los montes;
    suyo es el mar, porque él lo hizo,
    la tierra firme que modelaron sus manos.

    Venid, postrémonos por tierra,
    bendiciendo al Señor, creador nuestro.
    Porque él es nuestro Dios,
    y nosotros su pueblo,
    el rebaño que él guía.

    Ojalá escuchéis hoy su voz:
    «No endurezcáis el corazón como en Meribá,
    como el día de Masá en el desierto;
    cuando vuestros padres me pusieron a prueba
    y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

    Durante cuarenta años
    aquella generación me repugnó, y dije:
    Es un pueblo de corazón extraviado,
    que no reconoce mi camino;
    por eso he jurado en mi cólera
    que no entrarán en mi descanso»

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Himno: PARA VOSOTROS, EL MISTERIO DEL PADRE.

    Para vosotros, el misterio del Padre;
    con vosotros, la luz del Verbo;
    en vosotros, la llama del Amor
    que es fuego.

    ¡Hontanares de Dios!,
    ¡hombres del Evangelio!,
    ¡humildes inteligencias luminosas!,
    ¡grandes hombres de barro tierno!

    El mundo tiene hambre de infinito
    y sed de cielo;
    las criaturas nos atan a lo efímero
    y nos vamos perdiendo en el tiempo.

    Para nosotros,
    el misterio que aprendisteis del Padre;
    con nosotros, la luz que os dio el Verbo;
    en nosotros, el Amor ingénito.

    ¡Hombres de Cristo, maestros de la Iglesia!
    dadnos una vida y un anhelo,
    la angustia por la verdad,
    por el error el miedo.

    Dadnos una vida de rodillas
    ante el misterio,
    una visión de este mundo de muerte
    y una esperanza de cielo.

    Padre, te pedimos para la Iglesia
    la ciencia de estos maestros. Amén.

    SALMODIA

    Ant 1. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

    Salmo 41 – DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL TEMPLO.

    Como busca la cierva
    corrientes de agua,
    así mi alma te busca
    a ti, Dios mío;

    tiene sed de Dios,
    del Dios vivo:
    ¿cuándo entraré a ver
    el rostro de Dios?

    Las lágrimas son mi pan
    noche y día,
    mientras todo el día me repiten:
    «¿Dónde está tu Dios?»

    Recuerdo otros tiempos,
    y mi alma desfallece de tristeza:
    cómo marchaba a la cabeza del grupo,
    hacia la casa de Dios,
    entre cantos de júbilo y alabanza,
    en el bullicio de la fiesta.

    ¿Por qué te acongojas, alma mía,
    por qué te me turbas?
    Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
    «Salud de mi rostro, Dios mío.»

    Cuando mi alma se acongoja,
    te recuerdo,
    desde el Jordán y el Hermón
    y el Monte Menor.

    Una sima grita a otra sima
    con voz de cascadas:
    tus torrentes y tus olas
    me han arrollado.

    De día el Señor
    me hará misericordia,
    de noche cantaré la alabanza
    del Dios de mi vida.

    Diré a Dios: Roca mía,
    ¿por qué me olvidas?
    ¿Por qué voy andando sombrío,
    hostigado por mi enemigo?

    Se me rompen los huesos
    por las burlas del adversario;
    todo el día me preguntan:
    «¿Dónde está tu Dios?»

    ¿Por qué te acongojas, alma mía,
    por qué te me turbas?
    Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
    «Salud de mi rostro, Dios mío.»

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

    Ant 2. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

    Cántico: SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN Sir. 36, 1-7. 13-16

    Sálvanos, Dios del universo,
    infunde tu terror a todas las naciones;
    amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
    para que sienta tu poder.

    Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
    muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
    para que sepan, como nosotros lo sabemos,
    que no hay Dios fuera de ti.

    Renueva los prodigios, repite los portentos,
    exalta tu mano, robustece tu brazo.

    Reúne a todas las tribus de Jacob
    y dales su heredad como antiguamente.

    Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
    de Israel, a quien nombraste tu primogénito.
    Ten compasión de tu ciudad santa,
    de Jerusalén, lugar de tu reposo.

    Llena a Sión de tu majestad
    y al templo de tu gloria.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

    Ant 3. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

    SALMO 18 A – ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO.

    El cielo proclama la gloria de Dios,
    el firmamento pregona la obra de sus manos:
    el día al día le pasa el mensaje,
    la noche a la noche se lo murmura.

    Sin que hablen, sin que pronuncien,
    sin que resuene su voz,
    a toda la tierra alcanza su pregón
    y hasta los límites del orbe su lenguaje.

    Allí le ha puesto su tienda al sol:
    él sale como el esposo de su alcoba,
    contento como un héroe, a recorrer su camino.

    Asoma por un extremo del cielo,
    y su órbita llega al otro extremo:
    nada se libra de su calor.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

    LECTURA BREVE Sb 7, 13-14

    Aprendí la sabiduría sin malicia, reparto sin envidia, y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para los hombres: los que lo adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda.

    RESPONSORIO BREVE

    V. El pueblo cuenta su sabiduría.
    R. El pueblo cuenta su sabiduría.

    V. La asamblea pregona su alabanza.
    R. Cuenta su sabiduría.

    V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    R. El pueblo cuenta su sabiduría.

    CÁNTICO EVANGÉLICO

    Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

    Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

    Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
    porque ha visitado y redimido a su pueblo.
    suscitándonos una fuerza de salvación
    en la casa de David, su siervo,
    según lo había predicho desde antiguo
    por boca de sus santos profetas:

    Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
    y de la mano de todos los que nos odian;
    ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
    recordando su santa alianza
    y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

    Para concedernos que, libres de temor,
    arrancados de la mano de los enemigos,
    le sirvamos con santidad y justicia,
    en su presencia, todos nuestros días.

    Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
    porque irás delante del Señor
    a preparar sus caminos,
    anunciando a su pueblo la salvación,
    el perdón de sus pecados.

    Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
    nos visitará el sol que nace de lo alto,
    para iluminar a los que viven en tiniebla
    y en sombra de muerte,
    para guiar nuestros pasos
    por el camino de la paz.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

    PRECES

    Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo:

    Apacienta a tu pueblo, Señor.

    Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
    haz que por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.

    Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo,
    no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.

    Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
    haz que nunca falten en tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.

    Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
    haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

    Se pueden añadir algunas intenciones libres

    Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó:

    Padre nuestro…

    ORACION

    Oh Dios, que concediste a san Jerónimo saber gustar de la sagrada Escritura y vivirla intensamente, haz que tu pueblo se alimente cada vez más en tu palabra y encuentre en ella la fuente de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

    CONCLUSIÓN

    V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
    R. Amén.

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