Oración de Laudes 26 de Mayo 2019

Oración de Laudes 26 de Mayo 2019

TIEMPO PASCUAL
DOMINGO DE SEMANA VI
Propio del Tiempo. Salterio II

26 de mayo

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

  1. Señor abre mis labios
    R.Y mi boca proclamará tu alabanza

    Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

    Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

    Venid, aclamemos al Señor,
    demos vítores a la Roca que nos salva;
    entremos a su presencia dándole gracias,
    aclamándolo con cantos.

    Porque el Señor es un Dios grande,
    soberano de todos los dioses:
    tiene en su mano las simas de la tierra,
    son suyas las cumbres de los montes;
    suyo es el mar, porque él lo hizo,
    la tierra firme que modelaron sus manos.

    Venid, postrémonos por tierra,
    bendiciendo al Señor, creador nuestro.
    Porque él es nuestro Dios,
    y nosotros su pueblo,
    el rebaño que él guía.

    Ojalá escuchéis hoy su voz:
    «No endurezcáis el corazón como en Meribá,
    como el día de Masá en el desierto;
    cuando vuestros padres me pusieron a prueba
    y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

    Durante cuarenta años
    aquella generación me repugnó, y dije:
    Es un pueblo de corazón extraviado,
    que no reconoce mi camino;
    por eso he jurado en mi cólera
    que no entrarán en mi descanso»

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

    Himno: ESTABA AL ALBA MARÍA

    Estaba al alba María,
    llamándole con sus lágrimas.

    Vino la Gloria del Padre
    y amaneció el primer día.
    Envuelto en la blanca túnica
    de su propia luz divina
    -la sábana de la muerte
    dejada en tumba vacía-,
    Jesús, alzado, reinaba;
    pero ella no lo veía.

    Estaba al alba María,
    la fiel esposa que aguarda.

    Mueva el Espíritu al aura
    en el jardín de la vida.
    Las flores huelan la Pascua
    de la carne sin mancilla,
    y quede quieta la esposa
    sin preguntas ni fatiga.
    ¡Ya está delante el esposo,
    venido de la colina!

    Estaba al alba María,
    porque era la enamorada. Amén.

    SALMODIA

    Ant 1. Éste es el día en que actuó el Señor. Aleluya.

    Salmo 117 – HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA.

    Dad gracias al Señor porque es bueno,
    porque es eterna su misericordia.

    Diga la casa de Israel:
    eterna es su misericordia.

    Diga la casa de Aarón:
    eterna es su misericordia.

    Digan los fieles del Señor:
    eterna es su misericordia.

    En el peligro grité al Señor,
    y me escuchó, poniéndome a salvo.

    El Señor está conmigo: no temo;
    ¿qué podrá hacerme el hombre?
    El Señor está conmigo y me auxilia,
    veré la derrota de mis adversarios.

    Mejor es refugiarse en el Señor
    que fiarse de los hombres,
    mejor es refugiarse en el Señor
    que confiar en los magnates.

    Todos los pueblos me rodeaban,
    en el nombre del Señor los rechacé;
    me rodeaban cerrando el cerco,
    en el nombre del Señor los rechacé;
    me rodeaban como avispas,
    ardiendo como fuego en las zarzas,
    en el nombre del Señor los rechacé.

    Empujaban y empujaban para derribarme,
    pero el Señor me ayudó;
    el Señor es mi fuerza y mi energía,
    él es mi salvación.

    Escuchad: hay cantos de victoria
    en las tiendas de los justos:
    «La diestra del Señor es poderosa,
    la diestra del Señor es excelsa,
    la diestra del Señor es poderosa.»

    No he de morir, viviré
    para contar las hazañas del Señor.
    Me castigó, me castigó el Señor,
    pero no me entregó a la muerte.

    Abridme las puertas del triunfo,
    y entraré para dar gracias al Señor.

    Esta es la puerta del Señor:
    los vencedores entrarán por ella.

    Te doy gracias porque me escuchaste
    y fuiste mi salvación.

    La piedra que desecharon los arquitectos
    es ahora la piedra angular.
    Es el Señor quien lo ha hecho,
    ha sido un milagro patente.

    Éste es el día en que actuó el Señor:
    sea nuestra alegría y nuestro gozo.
    Señor, danos la salvación;
    Señor, danos prosperidad.

    Bendito el que viene en nombre del Señor,
    os bendecimos desde la casa del Señor;
    el Señor es Dios: él nos ilumina.

    Ordenad una procesión con ramos
    hasta los ángulos del altar.

    Tú eres mi Dios, te doy gracias;
    Dios mío, yo te ensalzo.

    Dad gracias al Señor porque es bueno,
    porque es eterna su misericordia.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Éste es el día en que actuó el Señor. Aleluya.

    Ant 2. Bendito eres, Señor, sobre el trono de tu reino. Aleluya.

    Cántico: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR Dn 3, 52-57

    Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
    a ti gloria y alabanza por los siglos.

    Bendito tu nombre, Santo y glorioso:
    a él gloria y alabanza por los siglos.

    Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
    a ti gloria y alabanza por los siglos.

    Bendito eres sobre el trono de tu reino:
    a ti gloria y alabanza por los siglos.

    Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
    a ti gloria y alabanza por los siglos.

    Bendito eres en la bóveda del cielo:
    a ti honor y alabanza por los siglos.

    Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
    ensalzadlo con himnos por los siglos.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Bendito eres, Señor, sobre el trono de tu reino. Aleluya.

    Ant 3. Adorad al Señor que está sentado en el trono y decid: «¡Amén, aleluya!»

    Salmo 150 – ALABAD AL SEÑOR.

    Alabad al Señor en su templo,
    alabadlo en su augusto firmamento.

    Alabadlo por sus obras magníficas,
    alabadlo por su inmensa grandeza.

    Alabadlo tocando trompetas,
    alabadlo con arpas y cítaras,

    Alabadlo con tambores y danzas,
    alabadlo con trompas y flautas,

    alabadlo con platillos sonoros,
    alabadlo con platillos vibrantes.

    Todo ser que alienta, alabe al Señor.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Adorad al Señor que está sentado en el trono y decid: «¡Amén, aleluya!»

    LECTURA BREVE Hch 10, 40-43

    Dios resucitó a Jesús al tercer día e hizo que se apareciese no a todo el pueblo, sino a nosotros, que somos los testigos elegidos de antemano por Dios. Nosotros hemos comido y bebido con él, después que Dios lo resucitó de entre los muertos. Y él nos mandó predicar al pueblo y atestiguar que ha sido constituido por Dios juez de vivos y muertos. De él hablan todos los profetas y aseguran que cuantos tengan fe en él recibirán por su nombre el perdón de sus pecados.

    RESPONSORIO BREVE

    V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.
    R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.

    V. Tú que has resucitado de entre los muertos.
    R. Aleluya, aleluya.

    V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
    R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.

    CÁNTICO EVANGÉLICO

    Ant. La palabra que estáis oyendo no es mía; es del Padre, que me ha enviado. Aleluya

    Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

    Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
    porque ha visitado y redimido a su pueblo.
    suscitándonos una fuerza de salvación
    en la casa de David, su siervo,
    según lo había predicho desde antiguo
    por boca de sus santos profetas:

    Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
    y de la mano de todos los que nos odian;
    ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
    recordando su santa alianza
    y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

    Para concedernos que, libres de temor,
    arrancados de la mano de los enemigos,
    le sirvamos con santidad y justicia,
    en su presencia, todos nuestros días.

    Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
    porque irás delante del Señor
    a preparar sus caminos,
    anunciando a su pueblo la salvación,
    el perdón de sus pecados.

    Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
    nos visitará el sol que nace de lo alto,
    para iluminar a los que viven en tiniebla
    y en sombra de muerte,
    para guiar nuestros pasos
    por el camino de la paz.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. La palabra que estáis oyendo no es mía; es del Padre, que me ha enviado. Aleluya

    PRECES

    Invoquemos a Dios, Padre todopoderoso, que resucitó a Jesús, nuestro jefe y salvador, y aclamémoslo, diciendo:

    Ilumínanos, Señor, con la luz de Cristo.

    Padre santo, que hiciste pasar a tu Hijo amado de las tinieblas de la muerte a la luz de tu gloria,
    haz que podamos llegar también nosotros a tu luz admirable.

    Tú que nos has salvado por la fe,
    haz que vivamos hoy según la fe que profesamos en nuestro bautismo.

    Tú que quieres que busquemos las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a tu derecha,
    líbranos de la seducción del pecado.

    Haz que nuestra vida, oculta en ti con Cristo, brille en el mundo,
    para que aparezcan los cielos nuevos y la tierra nueva.

    Se pueden añadir algunas intenciones libres

    Dirijámonos ahora al Padre con las palabras que el Espíritu del Señor resucitado pone en nuestra boca:

    Padre nuestro…

    ORACION

    Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con amor ferviente estos días de alegría en honor de Cristo resucitado, y que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifiesten en nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

    CONCLUSIÓN

    V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
    R. Amén.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «No penséis en lo antiguo –dice el Señor–; mirad que realizo algo nuevo. »

PRECES

Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación; acudamos, pues, a nuestro Redentor que nos concede estos días de perdón, y, bendiciéndole, digamos:

Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo.

Cristo, vida nuestra, tú que por el bautismo nos has sepultado místicamente contigo en la muerte, para que contigo también resucitemos,
concédenos andar hoy en vida nueva.

Señor Jesús, tú que pasaste por el mundo haciendo el bien,
haz que también nosotros seamos solícitos del bien de todos los hombres.

Ayúdanos, Señor, a trabajar concordes en la edificación de nuestra ciudad terrena,
sin olvidar nunca tu reino eterno.

Tú, Señor, que eres médico de los cuerpos y de las almas,
sana las dolencias de nuestro espíritu para que crezcamos cada día en santidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ya que la fuerza para no caer en la tentación nos viene de Dios, acudamos al Padre, diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por salvarlo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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