Papa Francisco: Esta Navidad, ¡descubre la ternura de Dios!

Papa Francisco: Esta Navidad, ¡descubre la ternura de Dios!

La ternura de Dios, como rasgo que lo define, es el tema de la homilía del Papa hoy en Casa Santa Marta. Así lo decía el salmo: “… es cariñoso con todas sus criaturas”. La imagen presentada por Isaías es la de un Dios que nos habla como un papá con su hijo, empequeñeciendo su voz para hacerla lo más semejante a la suya. Y ante todo lo tranquiliza acariciándolo: ”No temas, yo vengo en tu ayuda”.

Parece que nuestro Dios quiera cantarnos una nana. Nuestro Dios es capaz de esto. Su ternura es así: es padre y madre. Muchas veces ha dicho: “Aunque una madre se olvide de su hijo, yo jamás te olvidaré. Nos lleva en sus entrañas. Es el Dios que con este diálogo se hace pequeño para hacer que confiemos en Él y podamos decirle con el valor de Pablo que cambia la palabra y dice: “Papá, Abbá”. Papá … Es la ternura de Dios.

El grande que se hace pequeño y el pequeño que es grande

Es verdad, dice Francisco, a veces Dios nos da palos, Él es el grande, pero con su ternura se acerca a nosotros y nos salva. Y esto es un misterio y una de las cosas más bellas.

Es el Dios grande que se hace pequeño, y en su pequeñez no deja de ser grande. Y en esta dialéctica lo grande es pequeño: es la ternura de Dios. El grande que se hace pequeño y el pequeño que es grande. La Navidad nos ayuda a comprender esto: en ese pesebre … el Dios pequeño. Me viene a la mente una frase de Santo Tomás, en la primera  parte de la Summa. Queriendo explicar esto: “¿Qué es lo divino? ¿Qué es lo más divino?”, dice: “Non coerceri a maximo  contineri tamen a minimo divinum est”, es decir, no asustarse de las cosas grandes, pero tener en cuenta las cosas pequeñas. Esto es divino, las dos cosas juntas.

¿Pero dónde en particular se muestra la ternura de Dios?

Dios no solo nos ayuda, sino que nos hace también promesas de alegría, de una cosecha grande, para ayudarnos a seguir adelante. Dios que, repite Francisco, no solo es padre sino también papá:

¿Yo soy capaz de hablar con el Señor así, o tengo miedo? Que cada uno responda. Pero alguien puede decir: “¿Cuál es el lugar teológico de la  ternura de Dios? ¿Dónde se puede encontrar realmente la ternura de Dios? ¿Cuál es el lugar donde se manifiesta mejor la ternura de Dios?”-“La herida”. Mis heridas, tus heridas, cuando se encuentra mi herida con la suya. En sus heridas hemos sido curados.  

El Papa recuerda la parábola del Buen Samaritano: allí alguien se inclinó hacia el hombre herido por los bandidos y lo socorrió curando sus heridas y pagando por su curación. Ése es “el lugar teológico de la ternura de Dios: nuestras heridas”. Y el Papa concluye exhortando a pensar durante la la jornada en la invitación del Señor: “Déjame ver tus heridas. Yo quiero curarlas”.

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