Nuestra actitud ante la corrección fraterna – Mons. Raúl Gómez González

Nuestra actitud ante la corrección fraterna - Mons. Raúl Gómez González

Que importante es tener muy presente la corrección fraterna, tema que el texto del evangelio de San Mateo, el que hemos escuchado; nos lo hace saber en este capítulo XVIII. Jesús hace hincapié de que hay que tener ese espíritu de fraternidad también para hacer saber al hermano que no está haciendo bien las cosas, habla el texto precisamente, de pecado, si tu hermano comete pecado.

En la actualidad realmente nos quedan sobros pues este mensaje es muy apropiado, diríamos, nos cae como anillo al dedo, como necesitamos tener muy presente esta exhortación que hace Jesús, y es más esta indicación que va más allá de una nueva mera sugerencia exhortativa, sino, esta tarea y esta misión que nos corresponde realizar. Si tu hermano peca ve a decírselo, como buen hermano, ayúdale, colabora con él para que no vuelva a cometer ese pecado que ha cometido.

A veces quizá por las experiencias personales nos quedamos callados sin decirle al hermano en lo que ha de tener cuidado en una posterior ocasión, y tomamos como criterio el dejarle solo, finalmente bueno, que ya está grande, ya sabe lo que hace, allá él, pero el texto no nos da un señalamiento de esa naturaleza, si esta grande o esta chico, si es gente madura en años, si es gente con criterio, porque luego a veces también decimos “es que tiene criterio”. Simple y sencillamente nos hace saber a través de este evangelista, Mateo, que hay que tener esa atención con el hermano, se trata de una atención y de una atención con una disciplina, la disciplina de la discreción, ve y díselo a solas, ve con él.

Jesús toma en cuenta esa actitud de la discreción también con ese, el subrayar, con esa notificación subrayada de hacérselo saber, no en público, ni que vaya de voz en voz, de boca en boca, de familia en familia, si no solamente con él, con el que ha caído en esta desgracia de haber cometido un pecado de esa naturaleza.

Se habla de pecado y sobre todo hay que entender de un pecado, no cualquiera, y todavía más acentúa esa discreción cuando dice “Si no te hace caso, déjate acompañar de dos o tres más, ve con él y que ellos sirvan también de testigos, pero vayan, vayan con él”.

No lo anuncien, no se los digas a dos o tres y que luego ya lo comiencen a decir. Hasta el tercer paso es cuando dice Jesús, en este texto del evangelio de San Mateo que si no hace caso entonces si hay que decirlo a la comunidad. Creo yo que ésta también es una enseñanza que todavía no acabamos de asumir y de aprender del todo.

Lo que llamamos “chisme”, esto se hace antes de decírselo a la persona que está incurriendo en alguna de estas faltas. Es decirle al que pasa, o al vecino, incluso sin otro criterio más que decirlo y hacerlo público y esto es difamar, y esto no es hacerlo con discreción, en esta disciplina evangélica a la que el señor nos invita a que tengamos el cuidado de hacer, y bien podemos también señalar máxime si se trata de pecados muchos más graves, que se trate con esa discreción.

Hay quien traduce en lugar del termino pecado, traduce que se trata de una ofensa, si tu hermano te ofende, ya no habla de un pecado de otra índole, sino, si tu hermano te ofende, ve a decírselo a solas, ve a platicar con él a solas, cabe, si hay esta traducción que también se da en algunos textos de la sagrada escritura, tener el cuidado de no ser vengativos, si te ofendió hay que ir a platicar con quien hizo esta ofensa para ti, y no difamar algo para que venga una especie de venganza, la que fuese, aunque sea de menor grado, pero finalmente un desquitarse de lo otro.

A veces cuando esto también no se dice y no se recurre al otro para dialogar sobre este tema, de la ofensa, pensando que eso se puede olvidar, puede venir una explosión, algo que se diga de forma tal que finalmente se falte a la caridad a otro al que te ofendió, eso también suele ser recurrente en nuestras comunidades. Bien pues aquí esta, esta enseñanza, tener ese cuidado, por una parte si el hermano peca hay que hacérselo saber, para que colaborando con él, en un dialogo fraternal ya no caiga en ese pecado, y si se trata de una ofensa que yo recibo de él, también platicarlo con él. Si esto no se pudiera hacer, claro, sacamos en conclusión, bueno, si no se puede hacer de ninguna manera, pues entonces deja que las cosas sigan su curso, no muevas aquel tema con ninguna otra persona, al menos que quieras que aquella otra persona sensata, te ilumine, que te diga qué camino seguir para estar con dicha persona y dialogar sobre el asunto.

Es muy importante la caridad fraterna, por eso el tema de hoy no podemos dejarlo así sin reflexionar al respecto y reflexionarlo desde así como lo formula Jesús, desde este horizonte de formulación evangélica, pues que el señor nos siga ilustrando y que el señor nos siga llevando de la mano para poder siempre hacer lo que nos corresponde realizar en la caridad fraterna, seguramente estamos haciendo todos el esfuerzo de tener esta caridad fraterna, pero seguramente también por nuestra debilidad nos encontramos a veces enfrascados en esa falta de caridad. Pues que el señor nos siga llevando de la mano para que seamos gente de bien, para ser buenos hermanos para los demás.

Mons. Raúl Gómez González

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