No esperes para decir a los demás lo que significan para ti

No esperes para decir a los demás lo que significan para ti

Hace poco estuve en un funeral en el que un hombre ensalzó la figura de su padre. Destacó lo agradecido que se sentía por haber tenido el tiempo de pasar la última semana de vida de su padre junto a él en el hospital y por haber sido capaz de decirle cosas que hacía mucho llevaba en su interior. “No es que no nos quisiéramos”, aclaró. “Pero en realidad nunca le dije cuánto lo quería, cuánto significaba para mí, ni lo buen padre que había sido”.

Sus palabras me hicieron pensar. ¿Por qué a muchos de nosotros nos cuesta contar a los demás cómo nos sentimos en realidad?

A menudo evitamos expresarnos ante nuestros propios padres, hijos o parejas, no les decimos lo afortunados y felices que nos sentimos porque estén en nuestras vidas.

¿Acaso nos da vergüenza, o no sabemos bien cómo decir lo que queremos decir, o nos inquieta la respuesta o si nuestros sentimientos serán o no recíprocos? Estoy seguro de que, a veces, es todo a la vez.

¿Alguna vez habéis enviado un mensaje o un email a alguien a quien tenéis un especial respeto y luego os sentís nerviosos hasta que llega una respuesta? Seguro que sí… le dais a “enviar” y os pasáis el resto de la tarde comprobando el teléfono (yo paso por esto cada vez que escribo un artículo; ¡me preocupa que los lectores lo aborrezcan!).

Hay algo raro en dejar expuesto un pedacito de uno mismo para que todo el mundo lo vea, sin saber con certeza si recibirás una respuesta positiva; o lo que es peor: ser ignorado totalmente.

Creo que el estrés de ese momento es la principal razón por la que no nos comunicamos con más claridad entre nosotros. Nos preocupa que lo que digamos no sea correspondido, así que hacemos como si no pasara nada.

Y por supuesto, aquello que confesamos revela un poquito más de nuestra identidad, por lo que nuestra preocupación en realidad es miedo al rechazo, no ya hacia nuestras palabras, sino hacia nosotros mismos.

“Unas pocas y sencillas palabras de aprecio pueden abrir un camino completamente nuevo”.

Así que es comprensible que enterremos nuestras emociones, nos ahorremos ser demasiado vulnerables y dejemos en silencio palabras importantes.

Pero la verdad es que no sé cómo algo así nos puede conducir hacia una vida feliz, porque sin riesgo, sin estar dispuestos a la posibilidad de que otro nos cause dolor, nunca estableceremos esas auténticas conexiones humanas que hacen de la vida algo tan especial.

Ser capaces de dejar de lado nuestros complejos sobre el rechazo y decir a las personas con sinceridad lo que significan para nosotros y lo agradecidos que estamos por estar a su lado, puede cambiar por completo una relación.

Dejamos de experimentar el mundo como individuos separados, para hacerlo como individuos solidarios que experimentan los vínculos mutuos como una fuente de fortaleza.

Si una relación con un amigo o familiar parece poco inspirada, insulsa o desanimada, quizás tenga algo que ver con las palabras que se dicen o no entre dos.

Unas pocas y sencillas palabras de aprecio pueden abrir un camino completamente nuevo.

Dicho esto, sé que no soy muy bueno expresándome oralmente, así que necesito la motivación para superar esto, algo que sucede cuando consigo mirar a los demás con una perspectiva nueva.

Por desgracia, este cambio de punto de vista sólo suele suceder cuando hay un ser querido gravemente enfermo o agonizante. De repente podemos ver cuánto significa esa persona para nosotros y cuánto le echaremos de menos.

Personalmente, no quiero esperar tanto. Quiero ver a la gente aquí y ahora con esa mirada nueva y no dar por sentado que siempre estarán ahí.

“Probablemente no deberíamos estar siempre empujando nuestras relaciones hacia terreno emocional vulnerable, pero hay un momento para todo…”

El sacerdote para quien trabajo, el padre Tom, tiene una costumbre que admiro tremendamente. Cada año se toma un tiempo para ir de retiro espiritual y escribe cartas a personas de su vida para decirles lo agradecido que está por ellas.

Como empleado y amigo suyo, he llegado a saber la importancia de nuestra relación para él, pero por alguna razón, el leerlo con palabras claras me conmueve, quizás porque él está dispuesto a dar el primer paso y ser vulnerable.

A lo que no está dispuesto es a dejar sin decir cosas importantes, así que busca el tiempo para transmitirlas, aunque sepa que es posible que yo no responda. Gracias a su esfuerzo, tenemos una amistad más fuerte.

Lo que más me impresionó del hombre que pronunció aquel elogio hacia su padre fue que no había dado por sentado que tendría aquellos últimos momentos con él. Se dio cuenta de que era una oportunidad especial que no podía pasar por alto, un momento que había que aprovechar.

Probablemente no deberíamos estar siempre empujando nuestras relaciones hacia terreno emocional vulnerable, pero hay un momento para todo, y estos momentos nos llegan a todos si tenemos el valor de reconocerlos y actuar a tiempo.

El hombre terminó sus palabras animándonos a los presentes a encontrar a alguien esta semana a quien expresar nuestro agradecimiento. Un buen consejo.

Después de todo, si este tipo de sinceridad es buena para el alma, tenemos que expresarla y escucharla antes de morir, mucho mejor si es mientras aún estamos vivos.

Artículo originalmente publicado por Aleteia

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