Mensaje de Pascua de Mons. Raúl Gómez – ¡Felices Pascuas!

Mensaje de Pascua de Mons. Raúl Gómez - ¡Felices Pascuas!

Con la celebración de la Pascua, profesamos la resurrección de Jesús, acontecimiento realizado en el Crucificado, sus discípulos dan testimonio de tan inusual hecho, en efecto, el Apóstol Juan, así como los demás Evangelistas, señalan que el domingo, primer día de la semana, quienes fueron al sepulcro lo encontraron vacío.

Con la resurrección en el corazón de los discípulos se generó una fe nueva en Jesús, les hizo superar el desconcierto y la frustración por los hechos anteriores que le habían sucedido al Maestro: la crucifixión y muerte. Salieron a predicar tan gozosa noticia, sin detenerles las circunstancias políticas o religiosas de su tiempo y es que la Resurrección de Jesús, no fue la reanimación de su cuerpo hecho cadaver, fue mucho más que eso, más bien, la entrada definitiva de la vida de Dios, una vida donde la muerte ya no tiene ningún poder.

San Pablo efectivamente afirma que Cristo una vez resucitado de entre los muertos no vuelve a morir, la muerte no tiene ya dominio sobre Él, porque su vivir es un vivir para Dios, este es el especial acontecimiento que solemnemente celebramos los cristianos en este domingo de Pascua, y todos los días que se encuentran dentro de este marco festivo. Pudieran parecer demasiados días si hablamos de los 50 de la Pascua y de los domingos, día especial de la semana, sin embargo, se trata del acontecimiento en el que se fundamenta la fe cristiana, porque, como bien lo dice nuevamente recordando a San Pablo: si Cristo no ha resucitado, tampoco mi predicación como la fe de ustedes tiene sentido, seriamos falsos testigos; pero Cristo ha Resucitado de entre los muertos.

Pues bien, vivamos el acontecimiento Pascual con gratitud y reconocimiento, tomemos el pensamiento del Papa Francisco cuando trayendo a la memoria la llegada de Pedro y Juan al sepulcro, dice que al acercarse ellos, se inclinaron para entrar en la tumba, cosa que si no lo hubieran hecho así, sino se hubieran inclinado, no hubieran podido contemplar lo que vieron y posteriormente no hubieran podido dar el testimonio que hizo girar al mundo. Solo quien se inclina, quien se humilla, es capaz de comprender la glorificación de Jesús y puede seguirlo en su camino y resucitar con Él.

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