MENSAJE DE PASCUA —«SI HEMOS MUERTO CON CRISTO, TAMBIÉN VIVIREMOS CON ÉL» (ROM 6,8)— MONS. RAÚL GÓMEZ GONZÁLEZ

MENSAJE DE PASCUA —«SI HEMOS MUERTO CON CRISTO, TAMBIÉN VIVIREMOS CON ÉL» (ROM 6,8)— MONS. RAÚL GÓMEZ GONZÁLEZ
MENSAJE DE PASCUA —«SI HEMOS MUERTO CON CRISTO, TAMBIÉN VIVIREMOS CON ÉL» (ROM 6,8)— MONS. RAÚL GÓMEZ GONZÁLEZ

MENSAJE DE PASCUA —«SI HEMOS MUERTO CON CRISTO, TAMBIÉN VIVIREMOS CON ÉL» (ROM 6,8)— MONS. RAÚL GÓMEZ GONZÁLEZ

Sin dejar de estar sorprendidos ante el acontecimiento jamás visto y oído, aquellos hombres de Galilea, a quienes les conocemos con el nombre de apóstoles, dieron a conocer la noticia de lo sucedido: ¡Jesús de Nazaret, ha resucitado! Se encontraba vivo, el mismo que había sido crucificado y, habiendo muerto, había sido colocado en un sepulcro. Y su testimonio es verdadero, porque lo han visto, lo han escuchado y lo han tocado con sus manos. Los evangelistas lo narran.

Este es el gozoso anuncio que la Iglesia celebra en el tiempo pascual. Hace memoria del acontecimiento central de la fe cristiana, con las palabras que repite en la Santa Misa durante estos días: ¡Lucharon vida y muerte en singular batalla, y muerto el que es la Vida, triunfante se levanta! Sí, la Iglesia lo anuncia y lo celebra: Cristo ha salido victorioso sobre la muerte. Resucitado, está presente en la historia de hoy.  El ejecutado está más vivo que nunca. Se encuentra vivo enmedio de la comunidad.

Pero, ¿cómo vivir la fe en la resurrección de Jesús sin que quede reducida a una práctica meramente ritual, de tradición, o a una sola teoría?

Fundamentalmente, lo primero es morir al pecado y resucitar a una vida nueva, incorporándonos a Cristo por su gracia. Sabemos que el pecado nos deshumaniza, nos despersonaliza. También hay que acoger al Espíritu de Jesús Resucitado, para resucitar todo lo bueno que está muerto en nosotros; esto es, reavivar nuestra fe apagada, nuestra esperanza opacada y nuestro amor mediocre. Y, es que contamos con Dios, que siendo un Padre apasionado por la vida nos llama a hacernos presentes, con su Hijo Resucitado, para colocar la vida allí donde se produce la muerte; por tanto, haciendo una labor ejemplar contra la marginación, el hambre, la muerte violenta, el aborto, la soledad. En el Resucitado, nuestros esfuerzos por un mundo más humano y justo no se perderán en el vacío.

Recordemos que Jesús nos ha dicho que estará con nosotros “todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,

20). Es así que nos acompaña en nuestras lágrimas como consuelo esperanzador. Está en nuestros fracasos e impotencias como fuerza segura que nos sostiene. Está en nuestros dolores profundos como compañero fiel. Está en nuestros pecados como misericordia que con paciencia infinita perdona. Está en nuestra muerte como aliento de vida eterna. Verdaderamente, nadie vive olvidado de Él. Sí, el Resucitado vive y vive con nosotros hasta el final de los tiempos.

Con el deseo de que el acontecimiento de la resurrección de Jesús pueda ser vivido por muchos o, más bien, por todos, me parecen muy adecuadas y motivadoras las palabras que expresó San Juan Pablo II en la Pascua del año de 1989: «¡Cristo nuestra Pascua, se ha inmolado en la cruz por nuestros pecados y ha resucitado glorioso: hagamos fiesta!… La vida del cristiano debe ser Pascua! ¡Lleven a sus familias, a su trabajo, a sus intereses, lleven al mundo de la escuela, de la profesión y del tiempo libre, así como al sufrimiento, la serenidad y la paz, la alegría y la confianza que nacen de la certeza de la resurrección de Cristo! ¡Que María Santísima les acompañe y les conforte en su ‘testimonio pascual’!… ¡Cristo Resucitado, Rey vencedor, apiádate de nosotros!»

¡Felices Pascuas!

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