MENSAJE DE NAVIDAD DE MONS. RAÚL GÓMEZ GONZÁLEZ AÑO 2015

MENSAJE DE NAVIDAD DE MONS. RAÚL GÓMEZ GONZÁLEZ AÑO 2015
MENSAJE DE NAVIDAD DE MONS. RAÚL GÓMEZ GONZÁLEZ AÑO 2015

MENSAJE DE NAVIDAD DE MONS. RAÚL GÓMEZ GONZÁLEZ AÑO 2015

El acontecimiento del nacimiento de Jesús en Belén lo recordamos haciendo una especial fiesta en la Iglesia. Se trata de la fiesta del recuerdo por su histórica llegada a la tierra, que ha quedado marcada en la memoria de las generaciones de cada época. Pero también se trata de la fiesta de su presencia viva entre nosotros que, por su cercanía de amor, genera afectos de fraternidad y de paz.

El evangelista Lucas relata que, mientras estaban María y José en Belén, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre (cf Lc 2,6-7). Sin explicaciones mayores, en pocas palabras, nos narra el más grande de los nacimientos. En efecto, con protagonistas discretos –María y José–, y en la sencillez del lugar –el pueblo de Belén–, quedó marcada por siempre la maravilla de Dios entre nosotros: «el Verbo se hizo carne».

La Navidad es invitación a acudir al pesebre donde está el Niño Jesús. Ahí donde él se encuentra en espera de que lo visitemos, lo abracemos, lo hagamos uno con nosotros. Él vino para eso. No para quedarse a la distancia de los siglos, de las palabras y de los afectos. Es el Niño que nace con una misión encomendada por el Padre. Nace para que plenifiques tu vida, eleves tu mirada y tengan un buen horizonte tus proyectos. No nace sólo para alegrar un momento fugaz del año, con cánticos y música angelicales, que estimulan y el espíritu y ennoblecen los corazones.

No olvidemos que se trata del Niño Dios. Sí, del Dios que se hace niño, porque ha querido nacer entre nosotros y como nosotros. Su ternura y encanto nos invitan a contemplar su amor y misericordia. ¿Quién podrá contemplarlo sin ser impulsado a vivir en la bondad y armonía con los demás? Los nacimientos, árboles de navidad y todos los signos navideños que acostumbramos colocar en estos días nos ayudan, pero la fuente, y única fuente, es Jesús. Sintámonos atraídos por Él. Dejémonos interpelar por Èl. Coloquémoslo en el centro de nuestro corazón y de nuestra vida.

Tengamos por seguro que si lo logramos, seremos para los demás, un auténtico reflejo del “Dios con nosotros”; seremos testimonio del Niño Jesús. Seremos para todos, el reflejo vivo del rostro misericordioso del Padre.

 

¡ Feliz Navidad !

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