MENSAJE DE NAVIDAD DE MONS. RAÚL GÓMEZ G.

MENSAJE DE NAVIDAD DE MONS. RAÚL GÓMEZ G.

Al estar en vísperas de celebrar la Navidad, deseo manifestar el renovado gozo que sigue generando el nacimiento de Jesús entre las familias de tantos cristianos. Vemos que el paso de una generación a otra no ha terminado por recordar sólo un pasado de la historia de la cultura de nuestros pueblos. ¡Cuánta emoción y sentimientos de alegría despierta en los jóvenes, niños y adultos! La convivencia y la felicitación se suman a un variado abanico de encuentros entre conocidos, amigos y familiares; pareciera, incluso, que los días se reducen para tan especial tiempo festivo.

Y es verdad, el motivo no es para menos, pues vivimos el hecho mismo de la entrada de Dios en nuestra historia. Así lo atestigua uno de los que vivieron y compartieron su vida con Èl, el apóstol Juan, quien dice: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Se trata de un hecho que, como dice el Papa Francisco, “¡No deja de sorprendernos… Dios se hizo mortal, frágil como nosotros, compartió nuestra condición humana… se volvió plenamente Dios-con-nosotros!

Por consiguiente, cómo podremos quedarnos los cristianos y personas de buena voluntad sin hacer fiesta, sin compartir la alegría, sin experimentar el cariño de Dios, sin vivir el gozo de la Navidad. Cuánta razón tienen aquellos que con profundo espíritu religioso colocan en sus casas y lugares de trabajo motivos navideños: pesebres, ángeles, pastores, estrellas, magos, luces y cantos.

La fe, que ha sido depositada en nosotros, nos permite vivir esta fiesta con una enorme y admirable gratitud. Nos mueve a contemplar la bondad de Dios que siendo grande se hace pequeño y nace como cualquier niño, expuesto a las limitaciones propias del tiempo, del lugar y de la cultura, no obstante los cuidadosos cariños de los papás, como lo fueron para Jesús, María y José. Cuánto nos queda por contemplar de esa escena de Belén con religiosa piedad.

Dejemos que nuestro corazón, impulsado por esa alegría, se acerque a la ternura del Niño Dios, para que nuestros pensamientos se ennoblezcan y superemos en mucho toda acción violenta que tanto nos daña y nos pone en estado de enfermedad social. Con toda certeza afirmamos que la paz viene de la nobleza de sentimientos, los cuales surgen de un corazón apacible. Regalo que la Navidad coloca en cada uno que la vive.

Si fijarámos nuestra mirada en la madre del Niño Dios, nos conmovería su solicitud de atención hacia el recién nacido. Con qué cuidados le hace partícipe de sus servicios maternales. Su ejemplar espíritu de servicio nos impulsará a estar siempre atentos a las necesidades de todos los que reflejan al mismísimo Jesús: los concebidos en el vientre de una madre, los injustamente maltratados -niños,  jóvenes y adultos- los manipulados por ideologías deshumanizadoras, los que son víctimas de la corrupción y de la delincuencia organizada, los pisoteados en sus derechos por una economía sin rostro humano. La Navidad es ocasión de reconstrucción de una sana red de servicios del hombre y para el hombre que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

Gocemos del proyecto de Dios. Vivamos la alegría de la Navidad con Jesús, María y José, al lado de nuestros seres queridos y en espíritu fraternal para todos.

Que la alegría de Belén inunde el corazón de amor y paz a todos. ¡Feliz Navidad!

MENSAJE DE NAVIDAD DE MONS. RAÚL GÓMEZ G.

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