La Bendición de Dios no ha caducado, dijo Mons. Raúl

La Bendición de Dios no ha caducado, dijo Mons. Raúl

Durante su homilía del Domingo de la Ascensión de Señor, Mons. Raúl, expresó que al ver a su maestro elevarse al cielo, el gozo de los apóstoles fue tan grande como cuando supieron de su resurrección. También dijo que en esa experiencia reconocieron en Jesús al verdadero Dios y su obra redentora.

Dijo Mons. Raúl “Que acto tan especial de parte de Jesús, El sube al cielo y hace descender la bendición, que no se ha quedado anclada en el tiempo del primer siglo”. Y continuó diciendo que todos los que hemos recibido la bendición de Jesús somos llamados también a transmitir su bendición a los demás. La Bendición de Dios no ha caducado. Mencionó.

Texto Completo de la Homilía de Mons. Raúl

Que gozó tuvieron aquellos apóstoles al contemplar lo que contemplaron, lo que refieren tanto el Libro de los Hechos de los Apóstoles como el Evangelio de san Lucas.

Jesús subió al cielo. Se trató de ese regreso a la casa del Padre con la victoria llevada consigo. Y los apóstoles desde luego, no tuvieron experiencia de tristeza porque finalmente Jesús se había ido, se había retirado de allí. La experiencia que ellos tuvieron, y nos lo narra el evangelista Lucas en este texto que hemos proclamado, fue una experiencia muy particular de gozo. Se regresaron a la ciudad de Jerusalén llenos de gozo, pero también una experiencia profunda de encuentro con aquel que es digno de adoración con Dios.

Una vez que Jesús regresó a la casa del Padre, nos dice el evangelista que los apóstoles lo adoraron; habían tenido esa experiencia de aquel que sobre pasa los límites humanos, está más allá de ser sólo verdadero hombre, reconocieron en Jesús al verdadero Dios y con Jesús reconocieron la obra del Padre, la obra redentora, la obra llena de misericordia. No pudieron hacer otra cosa mejor que, hacer también un gesto signo de reconocimiento: adorándolo.

Lo mismo hacemos nosotros cuando hacemos ese acto de reconocimiento de que Jesús el Hijo de Dios, el Dios Altísimo. Está presente en las especies eucarísticas y nos arrodillamos. No podemos hacer más que reconocerle a Él que se hace presente mediante ese signo sacramental, doblando nuestras rodillas, nuestros corazones reconociendo a aquel que es todo poderoso.

Por otra parte los apóstoles regresaron contentos, alegres a Jerusalén a llevar a cabo lo que les había dicho Jesús: ¡que esperarán aquí! Que había que esperar algo más. Y llevarán en su corazón y su mente ese mensaje y enseñanza. La indicación por parte de Jesús esperar lo que habría de darse, como sucedió cuando llegó el día de Pentecostés y recibieron el Espíritu Santo.

Las palabras de Jesús en el corazón y pensamiento de los apóstoles no podía quedar en el olvido o recibidas así como cualquier otro tipo de mensaje de cualquier persona, que puede tener o no puede tener ese peso de verdad así como se anuncia y se señala. Tenía todo ese peso de veracidad, de fidelidad, de promesa, regresar con ellos.

Por si faltará algo más regresaron con la bendición de Jesús. Al ir ascendiendo, Jesús levantó las manos y los bendijo, nos dice el evangelista Lucas. Recibieron la bendición de Jesús, una bendición que siendo el último gesto de aquel que regresaba a la casa del Padre tiene tanto valor. El último gesto, es la bendición de Jesús y la dio de lo alto. Estaba por entrar al misterio de Dios ahí donde lo perdieron, ¿quien puede entrar al misterio de Dios? Y antes de entrar al mundo de Dios específicamente en Jesús imparte su bendición.

Que acto tan especial de parte de Jesús, El sube al cielo y hace descender la bendición, que no se ha quedado anclada en el tiempo del primer siglo. Su bendición, ha sobrepasado el tiempo y el espacio, desde entonces hasta nuestros días; bendición transmitida de generación en generación. Una bendición entregada a los apóstoles para ser también bendición para los demás tarea que nos llega a todos nosotros, por haber recibido esa bendición. Los bautizados en el nombre de Jesús los consagrados por Él en Él y desde Él para el Padre. Los consagrados por el Espíritu, impartir la bendición a diestra y siniestra.

Que grande experiencia tiene aquel estando junto al lecho de su padre de su madre antes de morir reciba la bendición de ella o de él, una bendición que tiene un grado especialmente motivacional y de gratitud. Como la bendición de ustedes papás, mamás ofrecen con tanto cariño a sus hijos o la bendición que es otorgada repartida impartida en cada celebración litúrgica por quien preside la celebración. Que distinto para aquel que tiene una experiencia de ambición, los hermanos aquellos que se sienten tan ofendidos sean hermanos de sangre, compañeros de trabajo y pronuncia esa palabra de maldición, que desventura. Que palabra, que actitud tan desarticulada que no puede entonar con quien nos ha dado su Bendición para bendecir

Que podamos durante nuestra vida ser bendición para los demás. Si Dios es rico en misericordia con nosotros que nos bendice siempre cómo poder nosotros hacer algo distinto entre nosotros siendo del mismo nivel y la misma categoría humana. Cómo proceder de forma distinta o contraria. Que bien que siempre dispongamos para todos independientemente de cómo sintamos que se portan los demás con nosotros, independientemente seamos para los demás bendición.

En este año de la misericordia tomando en cuenta las obras de misericordia tanto corporales como espirituales vamos a abundar en esa bendición para los demás, tenemos todavía tiempo para hacer creíble esa bendición de Jesús y hacerla realidad. La Bendición de Dios no ha caducado. La Bendición de Dios sigue con grande dosis de ser lo que es.

Que en su nombre. Y por ser de su familia, familia de Dios bendigamos a todos, sean quienes sean, simplemente porque somos hijos de Dios y hemos sido bendecidos por Él.

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