Jesús misericordioso ve lo que somos pero también lo que deseamos

Jesús misericordioso ve lo que somos pero también lo que deseamos

Este XI Domingo del Tiempo Ordinario, dijo Mons. Raúl durante su homilía que los textos que hemos escuchado nos hacen captar, sobre todo el libro de Samuel, como Dios se dispone a perdonar sin importar la gravedad del pecado y quien lo comete estando arrepentido.

No fue poco el pecado que cometió David; haber matado al esposo de aquella mujer con quien el enseguida tuvo hijos. Solamente por apropiarse aquella mujer que no le pertenecía siendo su esposo Urías. Ante el arrepentimiento de David de que hizo algo grabé y solicitando el perdón de Dios le vino el perdón. Un perdón que le hizo vivir nuevamente esos beneficios de Dios.

El evangelista Lucas presenta a Jesús, ya no hablando en parábolas de misericordia. Se trata de la acción misericordiosa del mismo Jesús que realiza la escena que presenta Lucas. Pone al descubierto el actuar de Jesús en la misericordia . Sabía de quien se trataba aquella mujer que se colocó ante el, lavó los pies con sus lágrimas, las enjugó con su cabellera se los besó y los ungió con perfume. Jesús sabía de quien se trataba y sabía desde que actitud era movida para realizar lo que hizo. Jesús le hizo sentir el gozo del perdón.

Podemos imaginarnos como quedó aquella mujer después de haber vivido aquel acontecimiento, seguramente que no volvió a repetirse. Gozó tanto el acontecimiento que continuó con ese gozo. Con toda seguridad, no fue cualquier gozo, cualquier estímulo, ni mucho menos cualquier perdón.

Menciona san Lucas que era una mujer de mala vida y lo que piensa el fariseo desde esa tabla que tenía a consideración para saber si era o no pecador, aquel a quien observaba; en el caso de la mujer que la llama pecadora y una pecadora pública conocida como tal. El perdón que recibió fue tal que se ha de haber vuelto misionera de arrepentimiento de conversión.

Mons. Raúl dijo que si esto nos ocurriera a cada uno de nosotros no nos cansaríamos de difundir la bondad y la misericordia de Jesús. Quizá ya lo hemos hecho de forma muy corta con el amigo, la amiga. con quien se puede gozar de esa confianza. Después de haber sido atribulados por un pecado grave y haber sido perdonados gozando de ese perdón real por parte de Dios en un perdón sacramental.

San Pablo da testimonio de ese perdón de Jesús. Él se volvió en ese gran misionero del amor, del perdón, de la paz dada por Jesús. ¿Cómo pudiera recibirse el perdón si se tuviera una actitud como la que tuvo el fariseo? aquel que se sentía tan bien consigo mismo hacia lo que el pensaba que tenía que hacer de acuerdo a la leyes señaladas. No tenían más que hacer, ni pedir perdón; pero miren como cae en aquella actitud de juicio en un juicio severo juzgado a la mujer y juzgando a Jesús. A la mujer por pecadora y a Jesús como diciendo: es este un profeta ¿qué no sabe ni quien se le arrima? ¿qué profeta es Éste? ¿será un farsante?

Le movió más lo que hizo aquella mujer pecadora, porque supo que estaba allí Jesús, le buscó para gozar de aquello que finalmente gozó. El fariseo que habrá invitado a Jesús a su casa nada más para observar, nada mas para ver que hacía, por pura curiosidad pero por una curiosidad no sana. Y miren que fue lo que ocurrió, que recibió una grande enseñanza, la misma que nos ofrece el señor Jesús a nosotros, para que tengamos cuidado. Aquella enseñanza de que la mujer que en verdad era pecadora había sido perdonada y para que no le quedara duda lo hizo de forma abierta: mujer tus pecados te han sido perdonados, vete en paz. Como decimos nosotros como le habrá quedado el ojo de cuadrado al fariseo, a él no le dijo Simón quedas perdonado quédate en paz se lo dijo a la mujer a la pecadora a la que el creería que no debería de recibir un beneficio de esta magnitud.

He aquí pues la enseñanza, Jesús misericordioso que ve lo que somos pero también lo que deseamos, nuestras intenciones y nuestra expresión interna aún cuando llevemos el pecado marcado en nuestro corazón. Si nuestra actitud y nuestro ánimo es de pedirle perdón por supuesto que nos lo dará. Sabemos como recibirlo, a través del sacramento de la reconciliación, tratándose de pecados graves. Agradezcámosle a Jesús de ser así como es y agradezcámosle a nuestra Iglesia que como buena madre nos sigue haciendo saber lo que es Jesús, como ahora al elegir estos textos nos hace una ves más gozar de esa bondad misericordiosa de Jesús y agradezcámosle a nuestros papás quienes nos han enseñado desde pequeños a ser solícitos ante la misericordia del señor.

Que podamos volver a casa siendo también misioneros del perdón y de la paz en Cristo Jesús que perdona incluso el pecado grave que se pueda o cometer o se halla cometido de hecho.

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