Hoy es Cuarto Domingo de Pascua

Hoy es Cuarto Domingo de Pascua

Este 7 de mayo la Iglesia celebra el cuarto domingo de Pascua. El Evangelio del día corresponde a la lectura de Juan 10, 1-10, pasaje en el que Jesús señala: “Yo soy la puerta de las ovejas”.

A continuación puede leer el Evangelio y la homilía del Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile), Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez:

Evangelio del día (Juan 10, 1-10)

1 «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador;
2 pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.
3 A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera.
4 Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
5 Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
6 Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.
7 Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.
8 Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon.
9 Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto.
10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.

Homilía de Mons. Bacarreza:

El Evangelio de este domingo IV de Pascua está tomado del capítulo X de San Juan en el cual Jesús desarrolla el discurso del Buen Pastor, llamado así porque en dos instancias él afirma: “Yo soy el buen pastor” (Jn 10,11.14).

Esta es obviamente una metáfora. Pero mediante ella Jesús pone en evidencia varios aspectos de su relación con nosotros En primer lugar, Jesús habla del “redil de las ovejas” para indicar que sus seguidores deben constituir una comunidad. Así lo subraya el Concilio Vaticano II: “Dios quiso santificar y salvar a los hombres no individualmente y sin conexión entre sí, sino haciendo de ellos un pueblo” (LG 9). Pero, al mismo tiempo, se excluye toda masificación, pues Cristo tiene con cada uno una relación personal. Por un lado, “él llama a sus ovejas a cada una por su nombre”; por otro lado, “las ovejas lo siguen porque conocen su voz”. El cristiano debe evitar todo individualismo y toda masificación. El rebaño de Cristo es la Iglesia. En ella la comunidad y la persona están en perfecto equilibrio.

Artículo originalmente publicado por ACI Prensa

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