Homilía de Mons. Raúl Gómez González – Domingo de la V semana del Tiempo de de Cuaresma

Iniciamos con este día la quinta semana de cuaresma, hoy el quinto domingo de cuaresma, se acerca la semana santa, por lo tanto, la celebración de la pascua; y ya las lecturas sobre todo teniendo en cuenta estos últimos textos, nos hacen referencia a ello, nos dice el texto de la carta a los hebreos que Jesús aprendió a obedecer padeciendo, nos dice el texto del evangelio que hemos escuchado, que la ahora está llegando, a esa hora de glorificación, pero antes nos hace saber el texto de que Jesús como buen Hijo del Padre Celestial queriendo hacer su voluntad, no quiere ser dominado por el miedo, así como lo atestiguan también los demás evangelistas cuando Jesús está en el Huerto de los Olivos, tenía temor tenía miedo, ésta viene siendo es una de las realidades muy humanas, Jesús no dejó de ser humano, verdaderamente había adquirido pues esa realidad humana a la naturaleza humana como le denominamos, había nacido de María, había recibido de María lo que todos recibimos de nuestra madre de nuestro Padre en el caso nuestro, en el caso de Jesús lo que recibió de María su madre esa naturaleza humana, tenía miedo, cuántas cosas habrían pasado por la mente de Jesús de lo que ya venía acercándose, nosotros lo contemplamos a esta cercanía de una semana, próximo domingo estaremos celebrando el domingo de ramos y estaremos contemplando desde la lectura del evangelio la pasión del Señor, cuántas cosas pasarían por la mente de Jesús, por supuesto ese miedo, ese temor lo que habría que tener en ese enfrentamiento a una realidad nada grata, viendo aquellos que le condenaban, a aquellos que le aprendían, aquel que le traicionaba, aquellos que devolver lo que voltearían la espalda le volvería a la espalda, aquellos que pareciera que no recibieron nada de bondad por parte de Jesús, aquellos que fueron desconsiderados a la persona de Jesús, pero también nos hace ver lo que Jesús como buen Hijo hacía y lo hacía para glorificar al Padre, la encarnación de Jesús no tenía otro cometido más que realizar esta obra de salvación, desde el momento en que él aceptó venir, rebajarse, haciéndose como uno de nosotros, por puesto que venía asumiendo lo que sería el coronamiento de esa encarnación, su muerte en la cruz, la redención, por eso también dice el texto que hemos escuchado, “Padre líbrame de esta hora” -no él mismo lo señala, pues para esta hora he venido, Padre darle gloria tu nombre, darle gloria al Padre celestial es precisamente en esa realización de la redención, vaya que sí es glorificar al Padre al reconocer la redención que ha realizado a favor nuestro, por ese amor tenido para nosotros, en ese reconocimiento de parte nuestra, por lo que ha realizado ya que nos ha tenido tan en cuenta en nuestra misma realidad tan deficiente, tan limitada, diríamos tan de momento que hoy somos mañana no somos y que ha tenido a bien considerar nos para darnos la oportunidad de gozar de el eternamente, darle gloria a tu nombre, en esta glorificación por ser un Padre todo bondad, toda misericordia, un Padre que nos da la oportunidad de también gozar de la eternidad con su Hijo Jesús, gozando de la resurrección; que esta proximidad de la celebración de la pascua nos permita a nosotros sólo nos impulse a nosotros a prepararnos en esta cercanía de celebrar la muerte y la resurrección de Jesús y que lo podamos hacer desde nuestra misma realidad interna, desde nuestro pensamiento, desde nuestra oración, desde este colocarnos allí con el Señor, que todo lo que hagamos, lo que digamos, lo que pensemos, lo que oremos podamos centrarlo en esta pasión y muerte de Jesús, gozando de la pascua en ese paso de Jesús de la muerte a la vida, de ese triunfo de Jesús sobre la muerte, de ese triunfo de Jesús que nos hace que también gocemos de dicho triunfo puesto que es un triunfo que comparte para nosotros, y que esto lo podamos extender para los demás como buenos apóstoles de Jesús, que todo lo que se realice en la semana santa de estos actos externos, todos esos signos externos de una piedad popular sean expresión de lo que interiormente se vive, que alimente por otra parte lo que en el interior también se va teniendo esa vivencia de Jesús y con Jesús, en estar con él caminando paso a paso desde su pasión hasta la muerte en cruz y gozando de la resurrección, lo que tendremos el domingo con la celebración con el signo de los ramos, la procesión de los ramos, los mismos ramos que se tendrán consigo que se portarán en la mano que se llegara con ellos a casa y que ahí se depositen, lo que se tiene el jueves santo la cena del Señor o a la adoración a Jesús en el tabernáculo, en esa visita de las distintas iglesias, el estar con Él, el hacer esa reverencia y ese reconocimiento de adoración el viernes santo, en el víacrusis en la celebración litúrgica de la pasión y muerte, en los demás signos que se tienen por la tarde, el descendimiento, en el llevar en procesión a Jesús que muere, en esa procesión también que se hace del silencio, en el pésame unidos a María Santísima en su dolor, el sábado santo en la vigilia pascual con él los signos del cirio encendido del fuego nuevo, en esa renovación de las promesas bautismales con el signo del agua bendita, cada uno de los distintos signos y expresiones de la piedad popular también como estos que mencionados y otros más que se tienen en esta sana tradición o que pretende ser una sana y santa tradición, vivamos pues en la cercanía de Jesús tomando en grande estima lo que él ha hecho por nosotros, quien aprendió a obedecer padeciendo.

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