¿Eres jóven o viejo?

¿Eres jóven o viejo?

Vivimos en una balanza, pesando todo a nuestro alrededor y dentro de nosotros. Dejamos de ser espontáneos, cuando dejamos que la opinión ajena (aquella lógica creada para vivir en sociedad) sea más fuerte que nuestra propia opinión. Y nos perdemos dentro de los detalles de los pensamientos de los otros. ¿Los nuestros? Van siendo dejados de lado, y nosotros, muchas veces vamos dejando de ser nosotros mismos.

Es como si la sociedad hubiera creado una franja de tiempo en la que estuvieran introducidos aquellos para los cuales casi todos los productos, sentimientos y sistemas existentes hubieran sido creados y pensados. Todos pasamos por ese rango de edad. Hoy, éste debe estar entre los 12 y los 30 y pocos años. Pero, yo me pregunto: ¿y el resto de la vida? Y la mayoría absoluta de la humanidad? Formar parte de esta franja de edad no quiere decir nada, en el fondo, si ésta no es bien vivida.

Veo personas rompiendo esa lógica creada, como esos señores de cabellos grises que corren todos los días y están “sanos”. Veo también, jóvenes, muy jóvenes, en cafeterías de comida rápida, muchos ya están por encima del peso recomendado para una buena salud. Veo a las llamadas señoras, en sus cuarenta años, inteligentes, independientes, creativas, amantes de las mejores cosas de la vida. Veo muchachas, que no les gusta ni siquiera leer un buen libro y disfrutan pasar el día en el peluquero o algo así, prestando poca o ninguna atención a su formación.

Claro, existe un “abismo” entre las generaciones, en el sentido de poseer una madurez que sólo el tiempo logra dar. Pero, por otro lado, nada justifica el sentimiento de “idolatría” o “narcisismo” intelectual que muchos jóvenes parecen tener, sólo por no haber vivido aún suficiente (y sospecho, con tristeza, que es un sentimiento común en todos nosotros, cuando estamos en esa etapa de la vida). O la falta de respeto y desconfianza que muchos adultos tienen en relación con los jóvenes.

Existen muchos jóvenes que superan, por mucho, a muchos adultos, en su capacidad intelectual y, sobretodo, en su claridad política, cultural, etc. Ellos lograrán sobrevivir a las “reglas” impuestas por la sociedad. Una imposición silenciosa, percibida a través de las propagandas y algunos programas de televisión y, ahora, hasta en el cine (y reconozcámoslo, nadie llega a la hora de la película, pues hay tanta publicidad antes de empezar que da para hacer tres colas enormes y comprar palomitas).

El deporte es un buen ejemplo de un instrumento que hace al joven sentirse quien realmente es. Ni más ni menos. La ciencia también lo es.

¿Qué decir de esas personas de diferentes edades que se enamoran? ¿Será que el amor tiene edad? ¿Será que el placer tiene edad? ¿La pasión tiene edad? La alegría, el entusiasmo, la fuerza de voluntad, la voluntad de vivir, la valentía, la nostalgia, la melancolía, la felicidad, la tristeza, los colores, la fórmula del agua que bebemos, la fórmula del aire que respiramos, la generosidad, la solidaridad, el cariño, el afecto, el odio, el afecto, la fe, en fin, ¿todo lo que nos mueve tiene edad?

La piel tiene edad. Los huesos tienen edad. El color del pelo tiene edad. Las neuronas tienen edad. El cuerpo físico tiene edad. Y, dependiendo del cuidado que se le da, puede ser que, debajo de algunas arrugas, o semi arrugas, exista un joven o una joven, con mucha más vitalidad (mucha más) que debajo de una piel con poca experiencia de vida, poquísimo contacto con los rayos ultravioleta del Sol.

Y no, eso no es un consuelo para que las personas más viejas se sientan mejores. Nada que ver. Eso es una breve reflexión sobre patrones. La sabiduría se consigue con la vivencia, sea de dolor que de alegría. Pero, un buen paso para conseguir no dejarse llevar por esa lógica creada que nos rodea, es ser joven cronológicamente, pero también tener opinión propia y ver más allá de las apariencias desde temprano. Porque se pierde un tiempo muy valioso al no hacer eso, hasta que un día te despiertas fuera de la tan mencionada franja de edad.

Y los conflictos internos son tan crueles que hacen que muchos piensen que todo “ya fue”. Que es hora de quedarse quieto mirando la vida pasar. O imitar una imagen muy fuerte que circula por ahí: la de un animal sujetado por una cuerda por el pescuezo a un poste, donde el mínimo esfuerzo lo dejaría libre, pero por el condicionamiento, pierde la capacidad de darse cuenta.

No te dejes llevar por ese pensamiento. La vida sólo acaba cuando acaba. ¿Cuándo? Sólo Dios sabe. Mientras tanto, corre, lucha, vence, ignora esas voces que quieren que te detengas. Estás vivo. No dejes morir al joven que hay en ti. Incluso cuando tu piel, al mirarte en el espejo, te diga lo contrario. La vida es tuya. Es corta, es el mayor don. No la desperdicies creyendo que ésta ya pasó. Está ahí. ¡Vive

Artículo originalmente publicado por Aleteia

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