Cuidar, cuidarnos y cuidar a otros: pedagogía del cuidado en tiempo de pandemia

Cuidar, cuidarnos y cuidar a otros: pedagogía del cuidado en tiempo de pandemia

El punto de partida

A escala global, el 2020 sigue marcando un hito que trasciende lo imaginable. A las palabras fragilidad y vulnerabilidad se sumaron: pandemia, COVID 19, virus, quédate en casa y con ellas, se sumaron también situaciones y transformaciones tan profundas que, debido a la rapidez de los cambios, aún no somos capaces de medir las repercusiones que en los distintos ámbitos de la vida se van visualizando, sintiendo y hasta actuando, afirma Myriam Benegas.

¿Desde qué ángulo ver lo que está sucediendo?

MB: A varios meses de tanta crisis y oportunidad, resulta muy importante, parar y detenerse a hacer una relectura de estos acontecimientos, desde la espiritualidad que practicamos. Un camino posible es el aporte que nos da la espiritualidad ignaciana, que nos permite procesar los tremendos cambios y transformaciones, captar las oportunidades que han ido emergiendo en cada uno de nuestros contextos y sacar provecho a estas situaciones para dar una respuesta coherente a modos de vivir a futuro.

La pandemia nos ha puesto cara a cara con el dolor y la certeza de la muerte. Nuestros corazones captaron nuestra fragilidad personal, comunitaria, planetaria, y con ella, pudimos dimensionar nuestra “responsabilidad en la situación” de DESCUIDO de muchos aspectos de la vida. Ya el Papa Francisco en Laudato si´, nos hablaba de las consecuencias de ese descuido en la familia, nuestra propia persona, las relaciones interpersonales, la naturaleza y en otras situaciones de inequidad e injusticia que son palpables en datos y hechos concretos en todo el mundo.

Miembros de la CVX celebran Navidad con jóvenes en la cárcel de menores infractoras
Miembros de la CVX celebran Navidad con jóvenes en la cárcel de menores infractoras

¿Qué es lo verdaderamente importante en nuestras vidas?

MB: La pandemia nos llevó a hacernos una pregunta existencial acerca de lo esencial, de lo verdaderamente importante en nuestras vidas. Esa pregunta, sutil y suave al inicio fue subiendo de tono en todos los niveles exigiendo una respuesta. Y la respuesta emergente fue la toma de conciencia de que aquello que considerábamos importante y vital en nuestras vidas, lo andábamos des-cuidando, que era necesario desacelerar el ritmo y empezar a cuidarnos. Las consecuencias de nuestro descuido, acumulado por décadas y en todos los sectores, saltaban a la luz como responsables de la pandemia. La naturaleza sintió y gritó nuestro descuido de modo tal, y con su grito nos dimos cuenta de que, entre todos los descuidos, también habíamos descuidado a Dios al descuidar a los más vulnerables, “los descartados de nuestra sociedad”, que son testigos claves de ese gran descuido.

Desde los inicios del COVID 19, todos los países del mundo se han esforzado en poner los medios y las instituciones disponibles para frenar las consecuencias de los descuidos incurridos como sociedad y expresar de manera clara, unísona y univoca que, o nos cuidamos entre todos, o perecemos juntos como humanidad. El “todo está conectado” del Laudato Si, nos puso en la vidriera, con hechos y datos concretos, la urgencia de la ecología integral como camino de salida a un mundo en crisis medioambiental, a un futuro con justicia social.

Insistes en la palabra cuidado. ¿Por qué le das tanta relevancia?

MB: Cuidado personal (lavarse las manos, usar mascarillas, etc.), cuidar a los ancianos; cuidar el modo de relacionarnos unos con otros (en lo simple y en lo profundo de la vida cotidiana), cuidar los proyectos de vida, cuidar nuestras comunidades, cuidar lo espiritual, cuidar la alegría y la esperanza, las fuentes de trabajo y desde lo específico de nuestra espiritualidad ignaciana, cuidar nuestra interioridad y aquello que da sentido a la misión para avanzar como humanidad.

Repentinamente, la vida empezó a girar en torno a esta palabra. Reaprender a cuidarnos a nosotros mismos y cuidar a los otros en las diferentes instancias de nuestra persona: en lo corporal, en el cuidado de la salud mental y en el cuidado espiritual.  Y así como reaprender, hay que empezar a enseñar a todos los niveles la pedagogía del cuidado que propone el resguardo de la vida propia y la de los demás.

¿Cuál es el desafío de dotar de nuevos sentidos a palabras como cuidar?

MB: Vocablos con mucho sentido humano: resiliencia, empatía, resistir, reinventarse personal, comunitaria e institucionalmente han sido repetidas en todos los ámbitos de la vida durante esta pandemia. Familia, lazos, teletrabajo, escuela en casa, padres atentos, creatividad en recursos han sido otras palabras muy usadas. Nuestra espiritualidad nos ha invitado a ponernos a la escucha más atenta de lo que el Señor va comunicándonos en medio de las diversas situaciones, a través del uso de herramientas como la aplicación de sentidos, del oler, palpar, y mirar sin esquivar la realidad con una mirada pesimista, sino esperanzada.

Estas palabras llenas de sentido nos invitan a hacernos disponibles, dóciles y humildes a lo que la Ruah va movilizando en nuestro interior. Intuimos que es desde aquí, desde la mirada interior, desde la oración y la pausa, desde el compartir comunitario, que podríamos ayudarnos en este tiempo nuevo a discernir y ver en qué lugares y situaciones el Señor va haciéndose presente y llamándonos a confiar en estas palabras: “Yo hago nuevas todas las cosas” para bien de todos. (Ap. 21,5)

Un antes y un después. ¿Qué nos invita a discernir este tiempo que vivimos?

MB: El Covid-19 nos ha mostrado dos caras de la misma moneda. Hemos sido testigos tanto de lo que el descuido de la naturaleza ha provocado, como también, lo que la misma naturaleza ha ganado en este tiempo en que hemos estado confinados en nuestros hogares. Terminar este tiempo de pandemia y “continuar como antes”, en los mismos descuidos, personales, comunitarios, institucionales y socioambientales, sería una irresponsabilidad tremenda.

Estamos invitados a discernir las implicancias de este cuidado en lo personal y comunitario. Discernir las oportunidades que se van generando y cuáles apuntan a una mayor justicia social.  Ignacio nos invita a mirar a futuro, a comprometernos de nuevo en la construcción de una sociedad diferente: “No recuerden lo de antaño, no piensen en lo antiguo, miren que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan?

CVX
CVX

¿Cuál es la novedad de lo que afirmas?

MB: Si todo está conectado, urge que el cuidado lo asumamos todos juntos. Como humanidad, y en palabras de san Ignacio, urge mirar los deseos de nuestro corazón, lo que nos motiva a soñar, emprender, elegir. Urge animarle al corazón, darle elementos para optar por buscar aquello que nos ayuda como humanidad en esta pedagogía del cuidado. Somos conscientes que es en el corazón donde brotan los impulsos para las acciones concretas, así que aquí van algunas propuestas de aquello que salta a la vista es importante cuidar tanto en lo personal como en lo comunitario y eclesial.

Cuidar nuestra vida espiritual. Cuidar los deseos de nuestro corazón implica en primer lugar, esto nos ayuda a no perder el rumbo, a afianzarnos en la Roca, a ser Luz y testimonio de encuentro con Jesús para muchos otros que buscan un sentido a sus vidas.

Cuidar las relaciones con los otros. Cuidar los vínculos. Empezando con las relaciones con la pareja, la familia, el vecindario, la comunidad, hasta ir al cuidado de valores en las instituciones en las que trabajamos. Este cuidado, toma relevancia en este momento, pues la solidaridad brota del poder vincularnos los unos a los otros, del vernos todos humanos y necesitados de ayuda.

Cuidar la niñez, acompañar a jóvenes y ancianos. Aprender de ellos, caminar con ellos, cuidar el presente emocional, físico, social y espiritual de ellos, que implica el futuro de nuestro mundo. Cuidar derechos, como a la alimentación, a la educación, a la salud, tanto como cuidar la siembra de valores de respeto, esperanza y solidaridad.

Cuidar nuestro testimonio de Iglesia en salida. Sentirnos iglesia que experimenta la alegría del Evangelio y por ello es inclusiva, respetuosa y diversa. Profundizar en la necesidad de la gente de que se reconstruyan los lazos de pertenencia a una Iglesia viva, una que mira y ve en Jesús un modo de vivir la vida con esperanza y mucha misericordia. Una comunidad Iglesia que cuida a los otros, especialmente a los más vulnerables, a los que más sufren esta pandemia como consecuencia de las estructuras injustas de la sociedad, ya sea a nivel nacional o mundial.

Resalta que el Covid-19 ha puesto frente a nuestros ojos nuestra fragilidad e incertidumbre y lo que el des-cuido en los diferentes ámbitos se ha generado. Pero también ha puesto delante de nuestra conciencia, lo que la naturaleza ha ganado en este tiempo: menor contaminación ambiental, posibilidad de sentir, oler, escuchar a los pájaros, nadar a los delfines, mirar a los flamencos. Esas dos caras de la misma realidad están frente a nosotros, humanidad entera. Continuar como antes, descuidando la naturaleza que nos cobija, es una irresponsabilidad muy grande, por tanto, la reconstrucción medio ambiental en su ancho espectro, el cuidado al que somos invitados como humanidad consciente.

En todo lo referente al cuidado, las expresiones del arte, los poemas, la música, el teatro han sido manifestaciones concretas de cuidar la salud mental, los vínculos, la afectividad, el corazón.

Myriam Benegas nos remite a Pedro Guerra y Jorge Drexler, quienes escribieron la canción CUÍDAME, que sintetiza aquello a lo que somos todos invitados de ahora en adelante: cuidar, cuidarnos, cuidar a los más vulnerables, cuidar los afectos, cuidar los sueños, cuidar la naturaleza, cuidar la humanidad. (https://www.youtube.com/watch?v=VomD9m6tbLA )

share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *