Compasivos y misericordiosos – Mons. Raúl Gómez González

Compasivos y misericordiosos - Mons. Raúl Gómez González

La palabra del señor que hemos escuchado nos recuerda lo que debemos de tomar como algo muy propio, muy característico de nuestra conducta, de nuestro proceder ante Dios y ante los demás, por una parte ver que hay una exigencia por parte de Dios ya puesta desde el antiguo testamento, de ser compasivos con los demás, es decir, de entrar también en el dolor que los demás, se produce, hablando en términos de cuando se cae la cuenta de que se le ha fallado al prójimo. Nosotros llevamos en nosotros mismos la experiencia de cuando fallamos a quien finalmente le hemos fallado en la caridad nos sentimos acongojados, nos duele, duele más o duele menos de acuerdo a lo que se haya dado en relación a la ofensa y al dolor producido a la otra parte.

Dios nos hace saber a través de este texto de la primera lectura que hemos escuchado que hay que tener esa compasión para los demás, si están afligidos por la ofensa que produjeron hacia nosotros, ser compasivos, entender y comprender su dolor más que hacer crecer más su dolor y su herida, esto puede ocurrir sobre todo con quien más se relaciona uno, con los más cercanos, así puede suceder en el caso de ustedes los casados, esposo y esposa, ya me imagino el dolor que se produce entre ustedes que no quieres ofenderse o que si hay alguna cosa que entre ustedes se ha dado y como que viene esa debilidad de ofender a la otra parte, una vez que se ha dado esa ofensa y que ven el dolor que se produce seguramente viene también esa congoja, tener compasión. Y dice el texto que si no se tiene compasión entonces como se puede pedir perdón a Dios, con qué cara, hay que tener compasión y piedad con los demás para poder presentar también ese rostro de piedad y de misericordia a Dios y el texto del evangelio de San Mateo todavía nos ilustra mucho mejor con esta parábola que coloca Jesús, a propósito de la pregunta directa que le hace el apóstol Pedro, hasta incluso si quisiéramos sacar en conclusión de cuantas veces en realidad hay que perdonar a los demás, hasta numéricamente, nos ofrece un dato, Jesús, si quisiéramos  hacer una traducción literal que sabemos que no es el caso, pero multiplicar 70 veces 7 pues ya estamos dando una cantidad cerca de 500 veces, 490, habrá alguien que pueda estar ofendiendo 490 veces así?, una tras otra de esa misma manera, y si esto se diera, pues en el texto encontramos también que hay que hacerlo, claro en el pensamiento de Jesús, es colocar el perdón de manera permanente, independientemente de la cantidad, esa actitud de perdón.

Como nos hace falta en estos tiempos presentes donde hemos aprendido a defendernos a capa y espada o donde estamos aprendiendo y con ciertas argucias, hasta con mentiras, con injusticia con componendas corruptas, como hemos avanzado en estos tiempos actuales para hacer este tipo, en términos nuestros, en términos de la moral cristiana, como hemos aprendido a pecar en este nivel, y miren lo que nos dice Jesús en este texto de San Mateo, ni siquiera hay que fijarnos cuanto nos debe el otro o cuanto hay que perdonarle al otro, en ese deber de perdón, porque si así fuera, y allí está muy claro lo que nos presenta este texto, no hay comparación entre el perdón de Dios con el perdón entre nosotros. El texto habla de ese perdón generoso de Dios, mediante esa parábola, así, poniéndolo en termino de millones, y ese perdón entre nosotros lo coloca en termino de poco, poco dinero, no hay comparación entre perdonar muchos millones a perdonar poco dinero.

Dios que nos ha perdonado y nos seguirá perdonando, día tras día, tiempo tras tiempo, lo que vaya ocurriendo en nuestra historia, en nuestra historia personal, basando solamente ese acto de contrición y quitando todo aquello que hay que quitar para no seguir pecando, si con esto basta, como no aprender a perdonarnos entre nosotros de forma tan sencilla, sin tener que obligar al otro a que haga esto o que haga aquello, y una y otra vez, nos pide el señor tengamos un corazón dispuesto a perdonar, por su puesto, que nos cuesta trabajo, nuestro corazón es duro, nuestro corazón no es tan fácil, no es tan blando como para poder procesar ese perdón, y sobre todo cuando ya se ha anidado en el corazón una y otra ofensa, cuando ya hay este tipo de odio, y cuando ya ha surgido la venganza, esa inclinación y ese espíritu de venganza, que bueno que el señor nos habla en estos términos hoy en este día, para seguir procesando en nuestra vida personal, atendiendo al llamado que Dios nos hace, ese perdón evangélico, para hacer desde lo que estemos realizando individualmente, que en la familia y en la sociedad, se vaya creciendo, se vaya extendiendo en esa acción misericordiosa de perdón para los demás, nuestra sociedad está herida, pero si no aprendemos y extendemos el perdón estas heridas no serán curadas, estamos como para estar en terapia intensiva, ¿Cómo salir de la terapia intensiva?, si no atendemos la medicina que nos curara, pero entendiendo esto nosotros y otros más hermanos nuestros quizá estén más avanzados que nosotros en esta compresión y en este ejercicio del perdón, por supuesto que lo vamos a seguir logrando, o lo vamos a lograr de forma clara y palpable.

Atendamos una vez más este llamado que Jesús nos hace y seamos misioneros de perdón, no pongamos ese listado con tachas de las ofensas que nos hacen los demás, vendrán más ocasiones ofensivas, vendrán más hermanos que nos van a ofender, quitemos de nosotros ese formato para poner tachas, y solamente dejemos ese formato para poner palomitas con nuestra actitud de perdón, de reconciliación, de compasión, que así sea.

Mons. Raúl Gómez González

Obispo de Tenancingo

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