¿Cómo reconocer a una persona manipuladora?

¿Cómo reconocer a una persona manipuladora?

Sacerdote, médico, doctor en filosofía y en teología, el padre Pascal Ide arremete contra los manipuladores en su último libro: Manipulateurs. Les personnalités narcissiques: Détecter, comprendre, agir [Manipuladores. Las personalidades narcisistas: detectar, comprender, actuar]. En él explica cómo reconocerlos y protegerse de ellos. Ha tenido la amabilidad de responder a las preguntas de Aleteia.

¿Hubo un elemento desencadenador que le llevara a escribir este libro?

Hace mucho que me interesa la cuestión de las personalidades narcisistas (PN). Leí una obra de Isabel Nazare-Aga cuando se publicó hace casi veinte años y me fascinó (Los manipuladores). Además, como casi todo el mundo que llega a cierta edad, me he encontrado con personalidades narcisistas (son entre un 1% y un 3% de la población). Y como era algo que me interesaba personalmente, me ayudó en gran medida conocer los síntomas y su forma de actuar, ya que son muy tóxicos.

Hay una gran cantidad de obras en este ámbito. ¿Por qué una nueva?

Sí, hay más de cien obras de divulgación en francés. Pero todavía no existe ninguna que aporte sobre este fenómeno un enfoque propiamente cristiano, además del humano. Por otro lado, el público católico está desinformado e incluso llega a negarlo. En efecto, es difícil imaginar que exista alguien tan diabólicamente (por qué no decirlo así) centrado en su ego y, lo que es más, incapaz de evolucionar (al menos de forma visible).

¿Cómo se detecta una PN?

La personalidad narcisista corresponde a un cuadro psiquiátrico concreto. Se define como una manera de ser (y de pensar) caracterizada por “comportamientos de grandiosidad, la necesidad de ser admirado y la falta de empatía”. La persona debe presentar al menos cinco síntomas de nueve. Por mencionar algunos: “El sujeto tiene un sentido grandioso de su propia importancia; por ejemplo, exagera sus éxitos y sus capacidades, espera ser reconocido como superior sin haber logrado nada; piensa que él es el origen de todo, espera sin motivo beneficiarse de un trato particularmente favorable y que sus deseos sean automáticamente satisfechos; explota al otro en las relaciones interpersonales: utiliza al prójimo para conseguir sus propios fines; carece de empatía: no está dispuesto a reconocer o a compartir los sentimientos y las necesidades del prójimo”.

¿Hay alguna manera menos médica, por así decirlo, de detectarlos?

A menudo sugiero la lista de 30 características para identificar a un manipulador que plantea Isabelle Nazare-Aga. Se puede encontrar fácilmente en Internet, es bastante concreta y permite que uno se haga fácilmente una idea. En el sitio web de la escritora pueden encontrarse [en francés y en inglés].

¿No se arriesga uno a empezar a ver PN por todos lados?

Únicamente un profesional competente (psicólogo, psiquiatra) puede hacer el diagnóstico. Recurrir a un experto permite evitar un doble riesgo: el de negar la existencia de la PN (¡hay una obra recién publicada que afirma que las PN son una invención de nuestra época!), y el de acusar a alguien de ser un “perverso narcisista” (una expresión menos precisa que la de “personalidad narcisista”) en cuanto surge un problema. Esta caza de brujas es muy tentadora en un época como la nuestra, en la que cada vez hay más tendencia a huir de nuestras responsabilidades.

¿Cómo se desarrolla una PN?

Sigue siendo una gran incógnita. Los investigadores no se ponen de acuerdo. ¿Qué parte es de responsabilidad y qué parte es de enfermedad? En mi caso, tiendo a pensar que estas personalidades tienen momentos de lucidez, aunque tengan defectos narcisistas abismales desde la infancia, incluso desde la primera infancia. Por no hablar de la conciencia moral presente en todo ser humano. Por otro lado, sus historias muestran que los padres siempre tienen comportamientos gravemente “disfuncionales”, y a menudo estas actitudes desviadas tienen efectos sobre varias generaciones.

¿Cómo explica usted el recrudecimiento de las PN? ¿La educación y la sociedad de nuestro entorno tienen parte de responsabilidad?

Los estudios actuales con adolescentes y adultos muestran que, desde hace más de cincuenta años, se viene produciendo un aumento constante y significativo de rasgos narcisistas, como la autoevaluación, la focalización sobre gratificaciones inmediatas, el individualismo, la imagen sobrevalorada de uno mismo, la descortesía. Nuestras sociedades occidentales son una fábrica de narcisismo. Es cada vez más urgente que la educación resalte la importancia de la entrega personal o el autosacrificio.

¿Hay que perdonarles?

Sí, en el nombre de Cristo que nos pidió que amáramos a los que nos odian y nos ofenden, según rezamos diariamente en el Padrenuestro. Ahora bien, caridad pero con buen juicio. Perdonar al enemigo no significa pasar todos los veranos a su lado, aunque sea nuestra hermana o nuestro padre. Es más, algunas personalidades narcisistas son de tal toxicidad que conviene protegerse de ellas, incluso hasta la separación, aunque sea por que los niños pequeños no queden duramente traumatizados, por ejemplo, por los insultos o el desprecio de un marido narcisista hacia a su esposa. Del mismo modo, una PN puede destruir una comunidad religiosa pequeña, sobre todo cuando tenemos en cuenta que este tipo de personalidad es por naturaleza divisoria: su entorno siempre quedará fraccionado entre los que la admiran y están dispuestos a todo para defenderla, y entre los que, por el contrario, no la aguantan más, ni a sus mentiras ni a sus manipulaciones.

¿Qué consejos prácticos daría para protegerse uno de esta personalidad?

Aquí comparto algunos consejos (en las obras se ofrecen más), de carácter general necesariamente. Cuando esté con una PN:
1. Evite llamar la atención sobre los logros y privilegios de usted; evite todo lo que pudiera ser humillante para ella; evite la confrontación sistemática; evite confiar en esa persona; evite esperar reciprocidad.
2. No dé muestras de verse afectado por su actitud. El narcisista busca ejercer su poder a través de los sentimientos que despierta en usted, como la ira, la vergüenza, el desánimo.
3. Comunique la verdad y toda la verdad. Las PN mienten sistemáticamente, deforman la información y se niegan a transmitirla en su totalidad (presentarán una parte a uno y otra parte a otro). Opóngase con transparencia.
4. Manténgase alerta ante sus halagos. Tenga claro que estos maestros de la seducción no buscan la verdad, sino solamente ejercer una influencia. Quizás le resulte molesto, ¡pero es liberador!

¿Cómo distinguir una PN victimista de una víctima de PN?

La víctima es realmente una persona inocente que ha sufrido perjuicios. La PN victimista es tal vez un cuentista cuyos propósitos no son demostrables y que jamás permite acceso a fuentes contrastadas. Aun así, es posible que fuera también tratada injustamente, así que hay que añadir un segundo signo, fundamental: únicamente quiere que la compadezcan y no busca salida, mientras que la víctima, por su parte, pedirá consejo para escapar de su situación. Además, cuando se encuentre después de algún tiempo con el o la victimista después de haber recibido consejo, verá que no ha cambiado un ápice; todo lo contrario, seguirá yendo de persona en persona relatando su historia y lamentándose; al cabo de un rato, usará a su entorno más cercano. Por otra parte, también emplea a menudo un vocabulario dramático e irrefutable: “Sufro terriblemente”, e incluso culpabilizador: “No me pueden comprender. Si estuvieran en mi lugar…”.

¿Cree usted apropiado integrar una formación psicológica relativa a estos casos en los seminarios?

Los seminarios prevén una formación psicológica durante sus estudios. Por lo tanto, todo futuro sacerdote se beneficia, o debería beneficiarse, de una formación concreta en psicología pastoral. Eso sí, los detalles del programa no son fijos. En cualquier caso, creo que una formación específica sobre los 10 tipos de personalidades difíciles distinguidos por la psiquiatría (la personalidad narcisista es uno de estos perfiles) es indispensable. En todas las ocasiones que he podido enseñarlo, ha producido buenos frutos.

¿Piensa usted que una persona, laica o religiosa, que presente características comprobadas de PN puede ser relevada de sus funciones?

Como dijo en varias ocasiones el papa Benedicto XVI y también ha recordado a menudo el papa Francisco, lo primero es proteger a las víctimas. Para ello, una persona en posición de responsabilidad debe conocer con precisión los síntomas que caracterizan a una PN; también debe saber que estas personalidades son muy seductoras y manipuladoras, así que saben qué discurso les favorece más para escabullirse. Por otro lado, recordemos que todas las PN no tienen una vida sexual desordenada ni un tren de vida escandaloso. Sin embargo, nunca obedecen sinceramente. Me informaron de las palabras de una religiosa de clausura, que manifestaba claramente una PN y a quien la Congregación para la Vida Consagrada había pedido que abandonara su monasterio. Esta monja, que había hecho voto de obediencia, respondió: “Roma me pide que me vaya. Pero mi conciencia me dice que me quede. Yo soy mi conciencia”. Sin comentarios… Por otro lado, como estas personalidades no cambian, cambiarlas de sitio significa cambiar de sitio el problema. Tal vez sea necesario inventar nuevas formas, nuevos procedimientos para dejar a estas personas al margen y que no causen más daño.

¿Por qué la Iglesia debería protegerse más especialmente contra estas personalidades tóxicas?

En primer lugar porque el escándalo es aún mayor que en la sociedad civil (como en el caso de los sacerdotes pedófilos, entre los cuales hay un gran número de PN características). En segundo lugar porque estas personalidades sienten especial atracción por el poder y, en la Iglesia, es más difícil dejarlas al margen. “Uno de los curas de mi diócesis se comporta como un gurú, ¿qué puedo hacer?”, preguntaba un obispo. En último lugar, porque nuestra esperanza (“el amor todo lo espera”) puede llevarnos a desprotegernos peligrosamente, a creer imprudentemente que estas personas cambiarán antes o después (no hay ningún caso de reversibilidad descrito en la literatura médica) y nos dejamos vampirizar por estas personalidades destructivas.

¿Qué puede hacer la Iglesia?

Puesto que la PN padece una patología del narcisismo, la Iglesia debe recordar sin cesar la buena nueva de nuestro Salvador: “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos” (Juan 15:13). Ya que en nuestra sociedad de hiperconsumismo la única ley es ‘enjoy yourself’ y la frustración se ha convertido en el mal absoluto, las familias cristianas tienen, ahora más que nunca, la función de educar a sus hijos en un valor justo de sí mismos, basado en el altruismo.

Entrevista realizada por Louise Alméras.

Artículo originalmente publicado por Aleteia

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