5 Citas de San León Magno que recuerdan lo importante que es ser hijo de Dios

5 Citas de San León Magno que recuerdan lo importante que es ser hijo de Dios

Viviendo en el mundo que vivimos, a menudo podemos olvidarnos de la dignidad que nos concedió Dios. No importa quiénes seamos ni cuántos “amigos” tengamos en Facebook; Dios nos ama incondicionalmente y nos llama constantemente a unirnos a Él desde nuestro enfangado desastre.

Un santo que escribía a menudo sobre nuestra dignidad fue san León Magno. Fue un líder virtuoso de la Iglesia y un sabio pastor. El papa Benedicto XVI dijo que fue “verdaderamente uno de los más grandes Pontífices que han honrado la Sede de Roma”.

Aquí tenéis cinco citas de sus escritos que destacan la belleza que todos tenemos como hijos de Dios y cómo esa dignidad debe ser preservada a través de una vida unida a Cristo.

Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al reino de Dios.

Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo; no se te ocurra ahuyentar con tus malas acciones a tan noble huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio es la sangre de Cristo.

En la unidad de la fe y del bautismo, nuestra unión es indistinta, queridos hermanos, y nuestra dignidad es común, como nos repite la voz santísima del apóstol Pedro: (…) “Vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido por Dios”.

La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal.

Todos tenemos razón para gozarnos de nuestra común participación en este oficio, nuestro motivo de alegría será más auténtico y elevado si no detenéis vuestra atención en nuestra humilde persona, ya que es mucho más provechoso y adecuado elevar nuestra mente a la contemplación de la gloria del bienaventurado Pedro y celebrar este día solemne con la veneración de aquel que fue inundado tan copiosamente por la misma fuente de todos los carismas, de modo que, habiendo sido el único que recibió en su persona tanta abundancia de dones, nada pasa a los demás si no es a través de él.

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