3 preguntas que debes hacerte antes de publicar algo online

3 preguntas que debes hacerte antes de publicar algo online

¿Publicar o no publicar? Esa es la cuestión. Probablemente todos tengamos diferentes criterios para valorar si una publicación es apropiada o no para Facebook, Twitter, etc. Es común caer en un extremo o en el opuesto: compartir todo lo que se te pase por la cabeza, sin filtro, o quedar paralizado por el miedo al qué dirán los demás o cómo reaccionarán a lo que publicamos. Conseguir un equilibrio entre la inhibición y el exhibicionismo requiere un poco de reflexión… y a veces que aprendamos a base de cometer errores.

Internet: un arma de doble filo

Internet es una mina de conocimiento que abarca desde lo muy útil hasta lo estúpido o directamente peligroso, pero también es un lugar donde las personas interactúan, comparten sus pensamientos y sentimientos, tanto los positivos como los negativos. Casi con toda probabilidad, todos nosotros hemos experimentado los pros y contras de interactuar en los medios sociales.

Precisamente, esa es la principal razón por la que durante muchos años no he tenido una cuenta en algún medio social. No quería enfrentarme a la jungla de Internet, llena de palabras maleducadas y críticas feroces, algunas tan afiladas como una cuchilla quirúrgica. Hubo un tiempo en que la idea de que unos desconocidos examinaran la imagen de mi perfil y mis publicaciones me aterrorizaba, hasta que comprendí que un uso prudente de Internet no es imposible, aunque sin duda puede ser todo un desafío.

Usar Internet con sabiduría

La madurez en la vida es una de las pocas cosas que me impresionan, en especial la madurez expresada a través de la humildad, la genuinidad y la empatía. Hubo una época en la que pensaba que este tipo de madurez era incompatible con una presencia en línea. Con el tiempo, me di cuenta de que estaba equivocada: tener presencia en los medios sociales puede ser, de hecho, toda una prueba de valentía y objetividad a través de la cual expresar y cultivar nuestra madurez.

Cuando por fin comprendí esto, empecé a percibir los medios sociales no como una amenaza, sino como una oportunidad. Desde que decidiera dar el salto hace varios años y empezar a publicar mensajes, fotografías y vídeos, me he estado planteando a mí misma estas tres preguntas para ayudarme a decidir qué quiero compartir y qué quiero mantener en privado:

  1. ¿Por qué voy a publicar este contenido?

A veces somos muy críticos con los perfiles de los famosos, que a menudo están vacíos de contenido y llenos de publicidad y fotos impúdicas. Pero no son solo las celebridades quienes abordan las redes sociales sin pensar.Todos deberíamos reflexionar sobre qué publicamos y por qué lo hacemos.

¿Es mi publicación un intento de recibir atención, estoy buscando los ‘me gusta’? ¿O es una manifestación sincera y auténtica? ¿Qué razón tiene, qué me motiva a compartir esta fotografía o mensaje en concreto? La respuesta no tiene por qué ser noble y desinteresada, más bien debería buscar ser sincera conmigo misma y garantizar que soy consciente de mis motivaciones.

¿Quiero subir una fotografía porque creo que salgo fantástica? ¡Estupendo! Pero si es la tercera de esta semana, entonces necesito replantearme qué es lo que recibo a cambio de publicar mis selfis. ¿Tengo alguna carencia en mi vida? ¿Qué estoy buscando? ¿Qué expectativas tengo? ¿De verdad esta es la mejor manera de obtener la atención que busco? ¿Hay alguna verdad sobre mí misma que deba afrontar?

Otra pregunta importante es “¿Qué estoy vendiendo?”. ¿Soy consciente de que mis mensajes, fotos y vídeos no son solamente una expresión de mis intereses y mi imaginación sino que también son una influencia para otros? ¿Qué estoy fomentando? ¿Opinión, ira, división, un nuevo lápiz de labios, unas piernas torneadas? ¿O paz, bondad y una imagen natural?

Reflexionar y cuidar muy imagen en la red no significa que tenga que ofrecer un retrato de mi persona como un ángel. No tengo que fingir ser un tipo imposible de “ideal”. Puedo ser yo misma, compartir tanto mis triunfos como mis fracasos o penas, aunque las buenas formas siempre deben primar y tengo que ser consciente de las consecuencias que tiene lo que comparto. Independientemente de lo cuidadosa que sea, lo más probable es que en algún momento publique algo de lo que me arrepienta, pero cometer errores no es el fin del mundo; es parte de la vida, dentro y fuera de Internet, siempre y cuando reconozca mis errores y me esfuerce en corregirlos y aprender de ellos.

  1. ¿Por qué no?

De pequeña aprendí una idea errónea sobre la modestia: pensaba que significaba negar mi valía y minimizar el valor de mis éxitos. Así que aprender a expresar emociones positivas en los medios sociales fue una experiencia liberadora para mí.

Si tengo dudas sobre si hacer o no una publicación sobre un logro o una experiencia positiva, me pregunto por qué. ¿Qué me molesta? ¿De qué tengo miedo? Me imagino las peores consecuencias (un grupo de adolescentes con carteles y pancartas señalándome con el dedo y gritando a coro: “¡No eres nadie, no le importas a nadie, deja de hacernos perder el tiempo!”) y entonces me río de mí misma.

En mi ordenador tengo miles de fotos y vídeos que nunca verán la luz en Internet, y así es como debe ser; mi árbol familiar no le interesa a nadie más. Pero gracias a esta pregunta — “¿por qué no?”— me he atrevido a salir al mundo con mi propio contenido, mi alegre creatividad y mis propias ideas. Porque… ¿por qué no?

  1. ¿Qué no debería publicar nunca y por qué?

Sobre esta cuestión, mi regla número uno es que el respeto hacia los demás es primordial. Ningún número de ‘me gustas’ o de veces compartido merece el malestar de un solo ser humano. Así que nunca publico imágenes de personas sin su consentimiento ni publico nada que pudiera dañar a nadie en este momento o en el futuro.

Regla número dos: nunca publico nada que no quiera publicar. Suena a obviedad, pero a veces nos sentimos tentados a publicar cosas por presión social, en contra de nuestro propio juicio o nuestras preferencias personales. Mi principio es que no haré algo solamente porque todos los demás lo estén haciendo o porque esté de moda. Tengo que ver una razón real para hacerlo. Si quiero publicar un selfi en Instagram, hacer una encuesta en Facebook, etc., debe significar algo para mí personalmente.

Respetar los límites

Las reglas generales sobre lo que deberíamos o no publicar se reducen a ser consciente, responsable y respetuoso (hacia las personas, su imagen y sus decisiones). Después de esto, somos libres.

¡Probemos cosas nuevas! Atrevámonos a pensar por nosotros mismos, seamos o no diferentes del resto. Compartamos lo que es importante para nosotros, lo que nos hace felices o tristes, respetando a las demás personas, siendo conscientes de nuestras motivaciones y responsables de las consecuencias.

Está bien que nos permitamos ser nosotros mismos, siempre y cuando establezcamos nuestros límites sabiamente.

Este artículo se publicó originalmente en la edición polaca de Aleteia

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